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15 000 km para probar café guatemalteco


Buenas tardes.
Esta semana me tocó estar frente a una escena poco común: una delegación empresarial de Taiwán probando 30 cafés guatemaltecos en una misma cata. Entre tazas humeantes, cucharas y conversaciones en mandarín, la jornada también abrió una oportunidad poco habitual: República fue el único medio que habló con los empresarios taiwaneses.
Con el apoyo de Andrea Weng, directora de CATO, en la traducción, dos conversaciones permitieron escuchar de cerca cómo uno de los mercados asiáticos valora el origen, el perfil y la diversidad del café nacional.
La edición se completa con otros dos temas de corte más estructural. Uno pone la lupa sobre el tramo que aún separa a Guatemala del grado de inversión, donde la macro ya no alcanza por sí sola y el foco empieza a moverse hacia la institucionalidad, la gobernabilidad y la ejecución.
El otro revisa la nueva etapa de expansión eléctrica en Centroamérica, con liderazgo solar y eólico. En el caso guatemalteco, además, la foto todavía no incluye la futura contratación de la PEG-5.
Gracias por leer esta edición. Ojalá la acompañe una buena taza de café guatemalteco.



María José Aresti
Grado de inversión: la buena macro no alcanza para el último sprint
702 palabras | 3 mins de lectura

Un peldaño separa a Guatemala del grado de inversión, pero la estabilidad macro ya no basta por sí sola. La meta es abaratar el financiamiento y ampliar el acceso a capital de largo plazo. El freno aparece cuando el presupuesto no se convierte en obras y la implementación de leyes clave sigue rezagada, sobre todo en inversión pública.
Por qué importa. El último sprint es el punto donde se agota el encanto de la buena macroeconomía y las calificadoras exigen pruebas de funcionamiento del Estado. El MINFIN ordena ese desafío en tres frentes: gobernanza, desarrollo económico y calidad del presupuesto.
Mario García Lara, analista económico y exvicepresidente del BANGUAT, sostiene que el obstáculo medular es institucional. Ya no se evalúa solo estabilidad, sino Estado de derecho, previsibilidad de las reglas y capacidad para ejecutar políticas públicas con continuidad.
Bajo esa lógica, la señal no es gastar más, sino administrar mejor. Guatemala ha incrementado su presupuesto, pero la ejecución sigue siendo lenta, fragmentada y con poco impacto visible.
Según la cartera, pasar del último upgrade pre-IG al grado de inversión puede tomar entre 29 y 34 meses, en comparables con países como Paraguay o Azerbaiyán. La clave no es el tiempo, sino la evidencia que el país logre acumular en ese tramo.
Visto y no visto. La infraestructura es el punto donde convergen tres exigencias: desarrollo económico, calidad del gasto y gobernanza. Juan Carlos Zapata, director ejecutivo de FUNDESA, describe un Estado “sin músculo para planificar y ejecutar”, incluso con un marco legal para cambiar el modelo.
“Dinero hay, pero no existe la capacidad de ejecución”, resume. El problema no es solo de caja, sino de herramientas, equipo y conducción para implementar la Ley de Infraestructura Vial Prioritaria.
Ahí entra el modelo de contratación. Zapata plantea pasar de la “obra tradicional” a contratos de servicio y largo plazo —mantenimiento, diseño, construcción y operación— para reducir riesgo, atraer competencia y abrir espacio real al capital privado.
En esa lectura, la gobernanza deja de ser abstracta y se vuelve verificable. “Si no implementan la ley, es un síntoma de un país que no respeta la ley”, afirma. Esa señal pesa en cualquier evaluación de riesgo soberano.
Punto de fricción. El problema de ejecución también se refleja en la dispersión del presupuesto. La prioridad de los proyectos y el tamaño de las intervenciones importan tanto como el monto total, porque de eso dependen la productividad y la credibilidad fiscal.
El cuello de botella no está en la falta de recursos, sino en la capacidad institucional para convertirlos en proyectos grandes, medibles y auditables: menos tramos dispersos y más obras con impacto, mantenimiento y estándares verificables.
Los CODEDES ilustran esa lógica. En el último año ejecutó GTQ 7629M, una parte, se destinó a proyectos de menos de 500 metros: tramos pequeños, atomizados y de bajo impacto frente a las necesidades de la red.
El riesgo sube si las calificadoras detectan que el gasto crece sin resultados. “La sostenibilidad fiscal depende de la trayectoria y de la calidad del gasto”, advierte García Lara. Un déficit se tolera si deja infraestructura y productividad; de lo contrario, es señal de fragilidad institucional.
Balance. Guatemala ya está en la franja previa al grado de inversión en las tres lecturas más visibles. En Standard & Poor’s y Fitch figura en BB+, y en Moody’s en Ba1. A estas alturas, no se trata de ordenar la macro: es demostrar que se puede ejecutar, cumplir prioridades y sostener reglas.
La diferencia práctica de no dar el salto se traduce en acceso. “Hay fondos en EE. UU. que solo invierten en grado de inversión”, recuerda Zapata. Quedarse en el escalón pre-IG implica seguir fuera del radar de parte de ese capital institucional.
También implica limitar mejores tasas de interés a futuro, tanto para el Estado como para las empresas y los hogares. Una calificación de alta calidad amplía la base de financiamiento y tiende a abaratar el costo del capital.
Al final, el grado de inversión no se juega en la foto de la buena macro, sino en la prueba de ejecución. Guatemala ya hizo gran parte del recorrido, pero el último sprint no se gana con estabilidad: se gana con cumplimiento, obras y capacidad estatal.



Centroamérica se prepara para una nueva etapa de expansión eléctrica con una señal clara: la mayor parte de la capacidad será impulsada por proyectos solares y eólicos, según el Ente Operador Regional (EOR) en su planificación de generación y transmisión para el próximo ciclo de crecimiento.
El dato central del informe es que, entre 2026 y 2030, la región proyecta incorporar 3927.77 MW. De esa nueva capacidad, 2449.42 MW corresponden a solar fotovoltaica y 598.40 MW a eólica. Se suman 109.95 MW hidroeléctricos, 60 MW geotérmicos y 20 MW de biomasa. Así, el 82.4 % de la expansión sería renovable, por encima de las térmicas.
La señal llega en un momento en que el consumo regional también se acelera. El EOR proyecta que la demanda de energía en Centroamérica crecerá un 66.4 % hacia 2040 frente a los niveles de 2024, con una tasa media anual del 3.23 %. En ese contexto, no se trata solo de sumar más generación limpia, sino de hacerlo al ritmo que exigirá un mercado en crecimiento.
El mapa regional
Panamá aparece como el principal motor de la expansión de corto plazo, con 1876.69 MW previstos entre 2026 y 2030. Le siguen Costa Rica, con 990 MW; Nicaragua, con 671.8 MW; El Salvador, con 271 MW; y Guatemala, con 118.28 MW. Honduras, en cambio, no reportó proyectos de expansión de generación para ese período, según los datos consolidados por el EOR.
En el caso panameño predominan las apuestas por solar y eólica, con una incorporación puntual de gas natural. Costa Rica muestra una mezcla más diversa, que incluye biomasa, almacenamiento y generación térmica con derivados del petróleo. Nicaragua combina proyectos solares, eólicos, hidroeléctricos y térmicos, mientras El Salvador suma geotermia, solar y gas natural.
El caso de Guatemala
La expansión prevista para el mediano plazo responde a 29 proyectos adjudicados en la licitación PEG-4-2022, con entrada en operación prevista principalmente entre 2026 y 2027, para una capacidad total de 118.28 MW.
El informe añade que la PEG-5-2025, orientada a contratar hasta 1400 MW de potencia y energía para las principales distribuidoras locales, estaba en fase de diseño al momento del estudio. Por esa razón, esa futura contratación no fue incorporada en los resultados de expansión considerados por el EOR.
La red como condición
Con todo, el informe no se queda en la oferta. La entidad advierte que esta nueva etapa requerirá una red más robusta para mover electricidad entre países.
En el escenario seleccionado como base para planificar la transmisión regional, las interconexiones Guatemala-El Salvador, Guatemala-Honduras y El Salvador-Honduras muestran alta probabilidad de transportar flujos de 300 MW o más. Eso obligará a reforzar la capacidad operativa en el bloque norte del sistema regional.
Además, se proyecta la interconexión Colombia-Panamá desde 2029 y se estima que, a partir de 2031, las inyecciones de energía al Mercado Eléctrico Regional podrían rondar entre 8804 y 9000 GWh anuales, casi tres veces el volumen que hoy se comercializa.

UNA INVITACIÓN DE GRUPO PRENSA LIBRE
5K con causa: familias que corren por educación

La carrera familiar En Movimiento por la Educación 5K 2026 pone a la familia en el centro. Une deporte, convivencia y apoyo educativo.
Por qué importa. El evento da sentido social al ejercicio. Padres, hijos y mascotas comparten una experiencia con valores de esfuerzo y solidaridad.
La iniciativa vincula salud y educación.
Cada familia convierte su participación en un aporte directo a jóvenes.
La inscripción cuesta GTQ 150. Equivale a una suscripción educativa para diversificado.
Datos clave. La segunda edición será el domingo 15 de marzo de 2026 en el circuito de los museos, zona 13. El recorrido es de cinco kilómetros y admite caminata o trote.
Prensa Libre y Guatevisión organizan la actividad.
La suscripción educativa incluye contenidos impresos y digitales en matemáticas, redacción y tecnología.
Los organizadores buscan consolidar la carrera como tradición
Lea la nota completa aquí.

Braulio Palacios
Guatemala: una taza de café que vale el viaje desde Taiwán
884 palabras | 5 mins de lectura

Una mesa larga en el Salón Atrio de la sede central de la Asociación Nacional del Café (Anacafé) reúne 30 cafés guatemaltecos. Los catadores olfatean, acercan la cuchara, degustan y pasan a la siguiente taza. El gesto se repite con precisión, como una coreografía. A un lado, entre conversaciones en mandarín y tazas humeantes, se mueve una delegación que viajó desde Taiwán para probar café en Guatemala.
En una época en la que buena parte del comercio se negocia por videollamada, catálogo o cafés enviados a distancia, todavía hay compradores que cruzan medio mundo para conocer de cerca el grano que buscan. Eso dice algo sobre el café guatemalteco: hay tazas capaces de justificar más de 15 000 kilómetros de viaje —distancia en línea recta— y más de 20 horas de vuelo.
Esta semana, una misión comercial de la República de China (Taiwán), organizada con la Oficina Comercial Taiwanesa para Centroamérica (CATO), Anacafé y las embajadas de ambos países, visitó Guatemala para participar en catación, ruedas de negocio y giras de campo por Huehuetenango y Sacatepéquez.
La visita confirmó algo que el sector repite desde hace años: el valor del café guatemalteco no se sostiene solo en la exportación, sino en la fuerza de su origen. Probarlo en Guatemala, recorrer zonas productivas y hablar con quienes lo cultivan también forma parte de la decisión de compra.
El recuerdo de la primera taza
Jones Huang Chung-Shih, fundador de ALink Coffee Co., no llegó a Guatemala como quien descubre algo nuevo. Su relación con el café nacional viene de hace más de 20 años y todavía recuerda que la primera taza que probó era de Antigua: “muy balanceado”, “limpio”, con notas frutales delicadas y una acidez elegante. Con el tiempo, su búsqueda se volvió más consciente, con un paladar más entrenado para encontrar perfiles nuevos dentro del mismo origen.
En su opinión, una de las grandes virtudes del café guatemalteco está en su diversidad. No habla de un sabor único, sino de una amplitud de matices. Menciona sobre todo la acidez y la variedad entre zonas y perfiles. “No es tan fácil replicarlo”, resume.
El mercado taiwanés está lleno de pequeñas cafeterías que compiten por ofrecer sabores distintos, microlotes y perfiles más especializados. En ese ecosistema, Guatemala encaja bien como un origen con identidad propia. Jones considera que una taza puede costar entre USD 5 y USD 8, y subir hasta USD 10 cuando se trata de cafés más exclusivos.
Suavidad y diferenciación en Taiwán
La historia de Jane Ye Jen, gerente de compras y tostado de Jhih Dou Technology Co., llega a una conclusión parecida. Este es su primer viaje a Guatemala, aunque lleva alrededor de 10 años en el negocio y ha seguido de cerca el perfil guatemalteco.
La empresa que representa, ubicada en Nueva Taipéi, trabaja con café tostado y vende principalmente por canales en línea a mercados como Hong Kong y otros destinos del este y sudeste asiático. Cuando describe el café guatemalteco, lo hace desde lo sensorial: balance, suavidad, dulzor, fruta y notas de chocolate.
Recuerda con precisión esa primera experiencia. “Me gustó su sabor frutal, balanceado y dulce”, dice. Es un tipo de taza que conecta bien con los consumidores en Taiwán, donde se consumen alrededor de 8M de tazas de café al día.
Ese mercado no es homogéneo. Existe un segmento pequeño pero exigente que busca cafés especiales y experiencias diferenciadas, y otro mucho más amplio, compuesto por cafeterías que trabajan con café de alta calidad dentro de un rango más comercial. En ambos, explica, Guatemala tiene espacio.
Una taza que justifica el viaje
La escena de la catación ayuda a entender que la misión no se limita a una reunión protocolaria. Los ocho integrantes, representantes de seis empresas, buscan entender el origen, el proceso y la diversidad detrás del grano.
El interés también tiene respaldo numérico. Según Anacafé, Taiwán es hoy el octavo destino del café guatemalteco y absorbe alrededor del 2 % del total exportado. En 2025 recibió 59 777 sacos de 60 kilos, equivalentes a USD 26.9M.
La trayectoria también muestra crecimiento. Hace algunos años los envíos se movían cerca de los 20 000 sacos; hoy rondan los 60 000. No es una curiosidad comercial: es una relación en expansión.
Asia ya representa cerca del 20 % de los destinos del café nacional. Ese crecimiento coincide con una mayor sofisticación del producto exportado. El café SHB (grano estrictamente duro) sigue siendo la base, pero la oferta se ha ampliado a categorías prime y extraprime.
Detrás de esa evolución hay un argumento que Guatemala repite y que el mercado parece validar: grandes alturas, más de 300 microclimas, procesos artesanales y una producción cultivada en un 98 % bajo sombra.
Pero incluso con ese respaldo estadístico, hay algo que las cifras no terminan de explicar: la imagen de compradores taiwaneses en una catación, probando uno a uno 30 cafés guatemaltecos y buscando en cada taza una posibilidad de negocio.
En Guatemala se ha hablado del café como tradición, orgullo exportador y carta de presentación. Todo eso sigue siendo cierto. Pero escenas como la de esta semana en Anacafé añaden otra lectura: el café guatemalteco también puede hacer que el mundo venga a buscarlo. Porque hay negocios que empiezan con una taza que alguien recuerda incluso después de cruzar medio mundo.


