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Bitcoin y oro: “skin in the game”


Hola, gracias por acompañarnos en una nueva edición de República Empresa.
Esta semana abrimos con una conversación que, en lo personal, me dejó pensando. Durante casi una hora conversé con el Dr. Carlos Méndez sobre bitcoin y oro. Pero no se limitó al análisis de mercado: apareció la mirada de alguien que habla desde decisiones reales de inversión, con una convicción que incluso alcanza el fondo de retiro familiar. Por eso vale escucharlo: no analiza los mercados a distancia porque tiene skin in the game.
En esta edición le compartimos una versión ejecutiva. La entrevista completa —con un desarrollo más amplio sobre refugio, volatilidad, diversificación y largo plazo— ya puede leerse en nuestra web. Más adelante está el enlace.
Además, encontrará una gráfica con otra señal útil para leer el momento regional: Guatemala ocuparía en 2026 el segundo lugar como la economía más grande de Centroamérica y el Caribe, según estimaciones del FMI. Y, en clave sectorial, también ponemos la lupa sobre el plástico, que emerge como imán de IED manufacturera.
Gracias por leernos. Le invitamos a recorrer esta edición y a compartir el contenido.



El Doctor en Finanzas y catedrático de la UFM, Carlos Méndez, sostiene que la corrección del precio del bitcoin —tras tocar un máximo cercano a USD 123 000 y retroceder un 40 %— no equivale a un final. En esta conversación —realizada el 26 de febrero— explica por qué el oro está capturando el rol de refugio y qué condiciones podrían abrirle espacio a bitcoin para volver a competir.
¿Cómo resumiría lo que está pasando ahora con el precio del bitcoin y el oro?
—Primero, un disclaimer. Si quieren usar la información para un tema personal, están en su derecho. Pero aclaro: no estoy dando recomendaciones financieras. La gente debe comprender que tiene que asumir su propio riesgo. También tengo un conflicto de interés: tengo inversiones en oro y bitcoin. Eso me permite —como se dice en inglés— skin in the game: estoy metido en el campo, no son negocios teóricos. Con mis respuestas no estoy tratando de favorecer una moneda ni haciendo marketing.
Dicho eso, es el peor momento para hablar bien del bitcoin. Todo el mundo lo considera una tragedia y piensa que se va a acabar. Hay una página que se llama “Bitcoin is dead”, que registra las veces que se ha hablado de esto mismo desde 2009, cuando empezó el bitcoin.
Sí, puede ser un mal momento, pero eso no significa que bitcoin esté muerto. Yo invierto desde 2014, en distintas proporciones, todos los años. Recién hice una compra. Estoy haciendo lo contrario de muchos: compro mientras su precio está a la baja. Obviamente, diversifico. Por ejemplo, con oro.
Es obvio que ahora el bitcoin no es el activo más atractivo…
—Lo que tiene estresada a la gente es lo siguiente: después del all time high de octubre, cuando el precio alcanzó los USD 123 000, ahora llegó a USD 68 000. Cayó más del 40 %. Perder el 40 % de tu dinero no es agradable, sobre todo si tienes una cantidad fuerte.
Debemos recordar que las monedas —y todos los activos financieros— funcionan en relación con otros. El hecho de que algo esté mal en un momento no significa que será perenne. El oro está en un buen momento. Pero si te vas a épocas previas, no siempre fue así. Después de la crisis subprime de 2008 tuvo un crecimiento, pero no tan interesante.
Yo no soy “antioro”; de hecho, tengo (inversiones). Es ahora que todo el mundo habla de oro porque es lo que está subiendo. El año pasado subió un 60 %. En lo que va del año, va por el 20 %. Está atrayendo a mucha gente. Ahora que ha colapsado el bitcoin —y mientras continúe así— no es extraño que muchos giren hacia el oro.
Entonces, ¿ese tipo de “alertas” motiva sus decisiones de inversión?
—A veces uno toma buenas decisiones de inversión no porque “vio venir todo”. En inversión es muy difícil ver todo. Es complejo. Pero hay procesos que ayudan a ordenar decisiones. Con mis alumnos optimizamos portafolios desde hace años. Yo doy un curso de optimización de portafolios y, desde 2019, cada vez que hago el proceso de optimización contra otras clases de activos, el modelo —por correlaciones y relaciones entre activos— empezó a recomendar más y más al oro.
Cuando uno optimiza un portafolio, no pone todo en oro: se pueden mezclar commodities, monedas, criptos, sector tecnológico, S&P 500, inmobiliarios, farmacéuticos, etc. Hay procesos matemáticos que buscan la mezcla que maximiza retorno con el menor riesgo posible.
Lo interesante es que antes de la crisis financiera de 2008, esos modelos sugerían aumentar oro de forma sustancial. Llegaban a sugerir porcentajes altísimos. Y el modelo no tiene emociones: te da una respuesta cruda. Luego, está en uno si cree fielmente o toma parte de la recomendación. Ahí entran tu perfil de riesgo y tu intuición.
Desde 2019, los modelos recomiendan oro. Yo he sido fiel a lo que enseño. He subido mi proporción. No me arrepiento. Por ejemplo, este año el S&P 500 ha crecido poco en comparación con el oro, y yo estoy por arriba del S&P 500. Estar consistentemente un poco arriba del mercado global es un logro relevante.
Además de esos modelos, ¿hubo otras señales que empujaron el mercado hacia el oro?
—Había marcadores que sugerían tensión en la economía estadounidense. No es que esté colapsando. Hay señales delicadas. Una es la curva de rendimientos de los bonos del Tesoro. Monitoreamos el spread entre bonos de 10 años y los de 2 años (o 3 meses). Cuando se vuelve negativo, hay evidencia histórica de que meses después puede venir una crisis o corrección. Y lo “simpático” es que la crisis no ocurre cuando está negativo, sino cuando empieza a corregirse. Eso empezó a corregirse el año pasado.
Otra es la política de tasas: cuando la Reserva Federal empieza a bajar tasas, algunos meses después, históricamente, puede venir una corrección financiera. Ninguna señal es perfecta. Nada en finanzas lo es. Pero son piezas que te van formando una lectura.
Y en lo político, hay un patrón histórico de recesiones y cambios de ciclo que suele poner nerviosos a los mercados. A eso se sumó el ruido con (Donald) Trump, su enfoque en tarifas/aranceles —potencialmente inflacionarios— y la discusión sobre debilitar el dólar para favorecer exportaciones y corregir déficit comercial.
Todo eso alimenta tensión global. Y si el mercado cree que el dólar puede debilitarse, eso suele empujar a refugios. Uno hubiera esperado que eso favoreciera más a bitcoin, pero no fue así: la gente se empezó a salir de bitcoin y a moverse al oro.
Me queda claro lo del oro, ¿qué puede revertir la situación del bitcoin?
—Que colapse más y se vuelva relativamente más interesante entrar a esos precios. Suena duro, pero abre oportunidades para quienes compran en caída. Ahí hay perfiles distintos: algunos entran cuando todo va subiendo; otros entran cuando baja y dicen “baje un poco más”. Ahorita hubo un rebote: rompió cierto nivel, subió con fuerza y luego retrocedió. Es típico que brinde esos “jalones” momentáneos.
Y hay otra narrativa que se está discutiendo: posible manipulación por parte de un actor grande. He leído que habría un caso vinculado a una empresa, con demanda formal de autoridades en EE. UU. La idea sería que presionan a la baja para comprar más barato, mientras acumulan por otro lado. Eso, si es cierto, no habla necesariamente bien del bitcoin porque lo vuelve manipulable y evidencia riesgos.
Pero si se quita ese “velo”, bitcoin podría respirar y hacer price discovery —descubrimiento de precio— de una forma menos artificial. Dicho eso, hay que ver si esa narrativa tiene mérito real.
Históricamente, el bitcoin tiene ciclos. Yo esperaba un colapso en 2026, aunque no tan rápido; empezó antes. Si ves el ciclo de cuatro años —los halvings—, este tipo de subidas y caídas fuertes no es raro. Lo raro fue que empezara a caer desde octubre: puede ser que el mercado se anticipó. Mucha gente piensa: “Sé que va a caer, me salgo ahora”. Eso adelanta la caída.
Lea la entrevista completa aquí.


María José Aresti
Guatemala, segunda economía más grande en 2026
208 palabras | 1 minuto de lectura
Guatemala supera a Puerto Rico en 2026 como la segunda economía más grande de Centroamérica y el Caribe. Las proyecciones para la región latinoamericana son un crecimiento del 2.2 %, mientras que para el país se prevé un 3.6 %. Esa diferencia ayuda a explicar por qué gana terreno en el tablero regional.
Hay un segundo dato que vale la pena rescatar: el ascenso guatemalteco no se apoya solo en tamaño, sino también en una trayectoria de crecimiento más favorable que la de algunos vecinos y comparables cercanos.
Puerto Rico aparece con una variación real del -0.1 % para 2026, mientras República Dominicana figura con un 4.5 %. Eso dibuja una región menos homogénea y más abierta a cambios de jerarquía entre economías que hace pocos años estaban ordenadas de otra forma.
En ese contexto, el dato de que Guatemala represente el 39 % del PIB regional en la base ampliada que acompaña esta comparación refuerza una idea de fondo: el país ya no solo destaca dentro de Centroamérica, sino que gana centralidad en el bloque más amplio de la región y el Caribe.
La señal es clara para inversión, comercio y lectura de mercado: Guatemala entra a 2026 con más escala, más tracción y más peso regional.



Ximena Fernández
El plástico emerge como imán de IED manufacturera
617 palabras | 3 minutos de lectura

La industria de plásticos inclina la Inversión Extranjera Directa (IED) hacia el lado positivo de la balanza. La manufactura vuelve a pesar en la atracción de inversores, impulsada por plásticos, autopartes, alimentos y bebidas. El salto no depende de sumar proyectos, sino de elevar su calidad. La pregunta clave es: ¿cómo pasar de reinversiones a capital nuevo?
Por qué importa. La IED en el sector manufactura representa el 23 % de las inversiones totales y proyecta cerrar con cerca de USD 380M, lo que refleja un desempeño mejor que el de años previos, según el estudio Perspectivas IED 2026, publicado por Invest Guatemala.
La manufactura vuelve a perfilarse como una de las llaves para atraer capital. El candado no se abre solo con volumen, sino con sectores estratégicos capaces de elevar la participación del país dentro de su propia matriz productiva.
Las reinversiones marcan hoy el ritmo, con una tendencia del 90 %, pero eso no necesariamente eleva la complejidad. Para José Valladares, asesor de inversiones de Invest Guatemala y especializado en el sector, la prioridad es aumentar el porcentaje de inversión nueva.
Tres empresas locales buscan reinvertir a partir de alianzas estratégicas. Mientras tanto, dos empresas nuevas exploran ingresar al mercado. “Hemos tenido buena comunicación con empresas colombianas”, explica Valladares.
Datos clave. El plástico ya no está en segundo plano: exportó USD 611.49M en 2025, lo que elevó su participación al 5 %, por encima del 4 % registrado en 2024. Para dar el siguiente salto, el sector exige maquinaria, estándares y cadenas más finas.
“El sector abastece el 92 % de las actividades dentro de la SAT”, asegura Eddy Alejandro Pérez, coordinador de la Comisión de Plásticos de AGEXPORT. Además, subraya su carácter transversal: está presente en la industria agrícola, de alimentos y bebidas.
La producción de plásticos genera 29 000 empleos directos y, en total, representa GTQ 2500M en salarios. Pero para crecer, requiere continuidad técnica y una operación estable.
Envases, empaques de alimentos, tuberías y láminas figuran entre los principales productos que cruzan la frontera guatemalteca hacia Centroamérica y EE. UU., afirma Pérez.
Sí, pero. La oportunidad existe, aunque también persisten los frenos: la falta de infraestructura, logística y talento técnico puede limitar la llegada de capital a la industria. La automatización, la tecnificación y la incorporación de maquinaria de última generación son condiciones clave para atraer IED.
Un cuello de botella frena las posibilidades de inversión: permisos ágiles, carreteras y certidumbre son factores decisivos para captar la atención de una industria más sofisticada.
Además, crece la demanda por mandos medios técnicos, capaces de operar maquinaria industrial y comprender procesos productivos. Estas posiciones, para Pérez, requieren formación técnica especializada.
A pesar de las oportunidades, el sector pierde terreno frente a otros países: aranceles cercanos al 10 % en algunas negociaciones se convierten en una desventaja frente a competidores que, además, producen sus propias materias primas.
Lo que sigue. El giro para 2026 no pasa por “más de lo mismo”, sino por sofisticación, capital nuevo y tecnología. Según Olga Orellana, presidenta de la Gremial de Fabricantes de Artículos Plásticos, adscrita a Cámara de Industria (CIG), la inversión se divide en un 50 % de capital guatemalteco y centroamericano. El resto es en moneda internacional.
“Necesitamos traer empresas ancla”, plantea Valladares. Su tesis es que un ancla crea demanda de provisión local y eleva el estándar de todo el ecosistema.
El país debe apostar por calidad. Valladares menciona industrias como la economía circular y los productos biodegradables como parte del siguiente salto. Guatemala compite si reduce “fricciones” y se agiliza la operación de las inversiones.
Las piezas para medicamentos podrían convertirse también en la próxima especialización. Orellana sostiene que ahí podría estar uno de los crecimientos que el sector viene esperando.


