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Cadenas globales, nudos nacionales

¡Buenos días!
Guatemala exporta más de lo que parece y menos de lo que podría. El avance existe, es real y medible. Los límites también, y no son pocos.
Manufacturas ligeras, agroindustria, vestuario y algunos nichos de servicios han logrado mantener el pulso. El país vende, diversifica y se integra, sobre todo hacia EE. UU. y Centroamérica.
Sin embargo, la logística sigue siendo cara y lenta; la infraestructura, insuficiente. Se suman tramitología e informalidad. Baja productividad, escasa innovación, poco valor agregado y una persistente dependencia de pocos mercados son viejos conocidos.
Y el mundo exige trazabilidad, sostenibilidad, cumplimiento laboral y rapidez. No basta con producir barato; hay que hacerlo bien. Guatemala empieza a quedarse atrás por exceso de cuellos de botella. Aún duda entre correr más rápido o seguir ajustando el retrovisor.
Gracias por su interés y lectura.

Miguel Rodríguez
El avance exportador y sus límites
512 palabras | 2 min de lectura

Las exportaciones mantienen una trayectoria positiva, aunque lejos de ser uniforme. Sectores tradicionales lideran, mientras otros pierden tracción. Detrás de las cifras hay presiones de costos, clima e infraestructura que condicionan el desempeño. El desafío ya no es solo vender más, sino sostener competitividad.
Por qué importa. Este crecimiento moderado del 7 % sostiene parte de la economía y el empleo, pero revela límites estructurales. Las cifras confirman dinamismo, aunque con brechas entre sectores ganadores y rezagados, en un entorno donde costos internos y choques externos definen la capacidad de competir.
Al cierre de 2025, las exportaciones sumaron USD 14 270M. El incremento interanual fue del arriba mencionado 7 %. Mientras, el volumen aumentó 9 %, mostrando que la expansión no depende solo de precios, sino de mayor colocación física.
Los productos tradicionales crecieron un 18 %, impulsados por café y azúcar, en tanto los no tradicionales avanzaron un 3 %.
Se refleja mayor madurez, pero también menor margen para absorber shocks de costos.
Datos clave. Vestuario y textiles sigue siendo relevante, mas ya no marca el ritmo. Por su parte, alimentos y manufacturas sostienen un crecimiento más estable, aunque moderado.
Los artículos de vestuario aportaron USD 1411M, el 10 % del total, seguidos por grasas y aceites, plásticos, farmacéuticos y frutas. Se evidencia así una canasta más diversificada, pero con sectores sensibles a costos logísticos.
Café sin tostar creció un 39 % hasta USD 1224M, el azúcar sólido un 46 % y el banano un 9 %. Los productos agrícolas continúan siendo un ancla, pese a la volatilidad climática.
Centroamérica fue el principal destino con USD 5496M, seguida de Norteamérica y Europa. Se subraya así la importancia de mercados cercanos y reglas claras para sostener flujos comerciales.
Punto de fricción. Este desempeño convive con presiones acumuladas que erosionan la competitividad. Costos internos, regulaciones y logística deficiente limitan la capacidad de las empresas para sostener precios y atraer inversión.
Amador Carballido, director ejecutivo de AGEXPORT, advirtió que “la elevación de los costos operativos” reduce el atractivo internacional y pone en riesgo empleo e inversión. Especialmente en sectores intensivos en mano de obra.
Vestuario y textiles cayeron 1 % en 2025 y crecerían 0 % en 2026, afectados por menor demanda de EE. UU., competencia asiática y aumentos salariales no ligados a productividad.
Agricultura sensible como legumbres y hortalizas enfrenta caídas de hasta 8 % por clima adverso, costos y exigencias fitosanitarias. Ello fuerza decisiones como mecanización o traslado de producción.
Lo que sigue. Las proyecciones apuntan a una expansión condicionada a reformas procompetitivas. Exportar más requerirá menos trabas, mejor infraestructura y reglas laborales que incentiven inversión privada.
El incremento de las ventas en este año se verá expuesto, siempre que no se profundicen los cuellos de botella estructurales.
Servicios de exportación ganan peso: KPO (externalización de procesos de conocimiento), logística y turismo crecerán hasta 8 % en 2026, si bien persisten brechas en inglés avanzado y habilidades tecnológicas.
Facilitación del comercio, infraestructura, flexibilidad laboral y certidumbre regulatoria son condiciones mínimas para sostener crecimiento, inversión y empleo formal. Y en consecuencia las exportaciones.
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Guatemala dio un paso silencioso pero estructural en la economía verde. El primer pago del Programa de Reducción de Emisiones (PRE) marcó el ingreso formal del país al mercado internacional de servicios ambientales, beneficiando a unas 50 000 familias que protegen bosques, manglares y ecosistemas. No fue un proceso perfecto, sí uno fundacional.
El PRE permitió que más de 1000 proyectos de conservación —1015 en total— recibieran ingresos por algo que históricamente no tenía precio: la captura de carbono. En conjunto, estos proyectos abarcan desde pequeñas parcelas de 50 hectáreas hasta extensiones de 1000 hectáreas, distribuidas principalmente en áreas rurales, donde el manejo forestal es una fuente crítica de subsistencia y estabilidad social.
Para Francisco Escobedo, director ejecutivo de la Gremial Forestal de Guatemala, el cambio es profundo. El programa eleva el valor económico de la actividad forestal al permitir que, además de vender madera u otros productos tradicionales, los propietarios y comunidades puedan comercializar los servicios ambientales que siempre han prestado, pero que nunca habían sido remunerados. En términos económicos, el bosque deja de ser un activo pasivo y se convierte en una fuente recurrente de ingresos.
La primera venta internacional se concretó por más de GTQ 175M, correspondientes a la colocación de créditos de carbono en el marco de un contrato con el Banco Mundial. El acuerdo contemplaba la compra de dos millones de toneladas anuales a un precio de USD 5 por tonelada. No obstante, Guatemala presentó una oferta mayor —4.8M de toneladas—. Sin embargo, este excedente no se pudo colocar en el mercado, esto generó expectativas que no pudieron cumplirse en su totalidad.
El principal cuello de botella fue institucional. Existía la posibilidad de vender el excedente de carbono a terceros a precios significativamente más altos, pero el Ministerio de Finanzas no autorizó esa vía. El resultado fue un pago para los participantes, cercano al 57 % de lo proyectado.
Aun así, el sector coincide en que el verdadero riesgo habría sido no cerrar ninguna venta. Eso habría dejado a Guatemala fuera del radar de compradores internacionales. Hoy, el país se posiciona como el cuarto en Latinoamérica en concretar una operación de este tipo, validando su capacidad técnica y administrativa.
El desafío: evolucionar hacia una versión 2.0 del programa. Más ágil, con menor intermediación estatal y mayor capacidad de negociación. Si se corrigen estos aspectos, el mercado de carbono puede convertirse en una nueva fuente estable de divisas, inversión rural y conservación productiva. En 2025, el bosque empezó a hablar en términos económicos. Ahora falta que el país aprenda a escucharlo mejor.
Marcos Jacobo Suárez Sipmann
Mercosur-UE: el laberinto de la ratificación
624 palabras | 3 min de lectura

Nuevo paso decisivo de la Unión Europea para consolidar el TLC con Mercosur tras más de 25 años de negociaciones. La semana pasada y pese a esfuerzos de bloqueo, sus 27 Estados miembros alcanzaron una mayoría cualificada a favor del acuerdo con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Cómo funciona. Tras el aval político de los Estados, se entra en una larga y fragmentada fase de ratificación. Debe obtener el consentimiento de la Eurocámara, donde la aritmética es ajustada. Pueden surgir enmiendas, bloqueos o recursos.
Al tratarse de un acuerdo “mixto”, pasa luego a los parlamentos nacionales –y en algunos casos regionales– de los 27, cada uno con calendarios, mayorías y presiones sectoriales propias. Basta un rechazo para frenarlo.
En paralelo, los Congresos de Mercosur también deben aprobarlo.
Durante este proceso, el texto puede aplicarse provisionalmente en su componente comercial. Los capítulos políticos y de cooperación quedarían en suspenso.
Qué destacar. Este TLC es una megacobertura comercial y estratégica. Ambos bloques eliminarán de modo gradual el 90-92 % de los aranceles sobre bienes industriales y agroindustriales.
Alimentos europeos (quesos, vinos, aceite de oliva) gozarán de protección geográfica. A su vez, Mercosur obtiene cuotas específicas para carne bovina, pollo, arroz y azúcar, aunque con barreras para preservar mercados locales.
Incluye cláusulas que permiten reactivar aranceles si los precios importados caen abruptamente. Exige, además, que los productos cumplan con estándares europeos de sanidad y deforestación.
El tratado abarca asimismo servicios, inversiones, propiedad intelectual y diálogo político, buscando reglas estables para empresas y proteger derechos laborales y ambientales.
Por qué importa. Empresas europeas ganarán acceso preferencial a una región de más de 700M de consumidores, potenciando inversiones y flujos de servicios.
Bruselas estima que el acuerdo impulsará exportaciones como automotriz, maquinaria, química.
Para Mercosur mejora precios y volúmenes, atrae inversión europea en manufactura, energía e infraestructura, impulsa transferencia tecnológica y fortalece reglas claras para comercio y compras públicas.
El pacto se presenta como respuesta a tendencias proteccionistas, reforzando la cooperación transatlántica. Fortalece cadenas globales ante la presión de China y EE. UU.
Sí, pero. Un riesgo poco visible es una desindustrialización relativa en Mercosur. La apertura a bienes europeos de alto valor añadido puede profundizar la dependencia de exportaciones primarias si los países no la acompañan de activas políticas industriales.
Algunos estudios señalan beneficios asimétricos. Los europeos serían modestos y concentrados en sectores específicos, mientras que Mercosur vería un crecimiento más tangible en productos agrícolas.
Agricultores belgas y franceses continúan bloqueos y protestas contra el acuerdo y la percepción de competencia desigual con productos sudamericanos.
Grupos ecologistas cuestionan si las salvaguardias son suficientes para evitar impactos indirectos sobre bosques y emisiones, pese a mecanismos de cumplimiento comunitarios.
Ecos regionales. De profundizarse la relación Mercosur-UE, Centroamérica podría enfrentar competencia más dura en mercados europeos para productos agrícolas (banano, café, azúcar, aceite), frente a la entrada favorable de productos sudamericanos.
Gobiernos y exportadores del istmo podrán usar este TLC como palanca para demandar acuerdos más ambiciosos con la UE. Actualizar el de Asociación, AdA.
Un bloque Mercosur-UE fuerte atraerá, en principio, inversiones antes destinadas al área centroamericana.
Esto se logrará evitar impulsando políticas comerciales más abiertas y beneficiosas para quienes logren adaptarse y diversificar.
Ahora qué. La firma está programada este 17 de enero en Asunción, Paraguay. Con todo, el resultado final aún no está escrito. Dependerá de equilibrios internos, elecciones y litigios. Su desenlace: incierto y prolongado.
La batalla se traslada al Parlamento Europeo, varios tribunales y casi 40 parlamentos nacionales.
La política agrícola y equilibrios internos determinarán si este gran pacto comercial llega a completarse y con qué forma definitiva.
De hacerlo, será la mayor zona de libre comercio del planeta, con efectos que trascienden Mercosur y Europa. Reconfigurarán las reglas internacionales con impacto directo en Centroamérica, incluida Guatemala.

El MINTRAB considera evaluar si el salario mínimo regional seguirá con división por circunscripciones para 2027.
Comercio digital y pagos en Latinoamérica se expanden con fuerte crecimiento de e-commerce y adopción de IA, según Research & Markets.
El mercado global de servidores alcanzó récord de USD 112 400M en ingresos en el tercer trimestre de 2025, impulsado por alta demanda de infraestructura de IA.
