Centroamérica en pausa

¡Buenos días!

Centroamérica entra en 2026 combinando moderado optimismo, cifras que invitan a no apagar la luz y una pregunta que se repite desde Panamá hasta Guatemala: ¿esta vez sí?

Las proyecciones de CEPAL dibujan un crecimiento regional que, sin ser espectacular, es constante. Panamá y Costa Rica vuelven a marcar el ritmo, cada uno con su propio motor: logística, servicios, inversión, talento. Mientras, el resto avanza a velocidades desiguales.

Sin embargo, el istmo necesita algo más que buenas cifras trimestrales. Requiere reformas más allá de los discursos, un sector privado dispuesto a arriesgar, innovar y escalar. Estados que entiendan que facilitar no es intervenir; regular no es asfixiar.

El punto de inflexión pasa por tres conceptos: libertad económica, seguridad jurídica y productividad. Si se dan estos tres factores puede originarse un círculo virtuoso.

2026 se perfila como un año bisagra. La región crecerá. La pregunta es si con ello cambiará su historia o solo la repetirá con mejores gráficos.

 
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Miguel Rodríguez
Centroamérica 2026: crecimiento sin despegue
640 palabras | 3 min de lectura

Centroamérica llega a 2026 con un crecimiento que augura continuidad más que despegue. Las proyecciones dibujan un mapa desigual, liderado por economías más abiertas y diversificadas. Un avance insuficiente para romper inercias y transformar estructuras productivas que el istmo arrastra desde hace décadas.

Por qué importa. El desempeño económico de este año determinará si Centroamérica logra algo más que estabilidad. El crecimiento sigue condicionado por el sector externo, la inversión privada y la capacidad para absorber choques internacionales, en un mundo que avanza a menor velocidad.

  • Panamá encabeza las proyecciones de la CEPAL con un 4.6 %. Su progresión se apoya en logística, servicios y una infraestructura comercial que, según el FMI, permite sostener inversión privada incluso en ciclos globales adversos.

  • Costa Rica se mueve en un rango similar (3.7 %). Víctor Umaña, economista costarricense, explica que es un incremento “moderado y dependiente del sector externo”, impulsado por exportaciones, IED y servicios.

  • Ambos concentran mayor inversión acumulada y diversificación productiva, un factor que el Banco Mundial identifica como clave para enfrentar desaceleraciones externas sin ajustes abruptos.

Datos clave. Tras ellos, el resto muestra un crecimiento más contenido. La CEPAL coincide en que Guatemala (4.0), Honduras (3.8), Nicaragua (3.4) y El Salvador (2.7) avanzan, pero con límites estructurales que reducen su margen de maniobra.

  • Guatemala cuenta con una base industrial amplia y estabilidad macroeconómica. No obstante, su principal mercado es Centroamérica. Umaña advierte que inseguridad e incertidumbre política afectan directamente su comercio intrarregional.

  • Por otro lado, aunque presenta una de las tasas más bajas, en El Salvador el turismo emerge como motor. El FMI observa que la inversión privada aún no consolida un salto productivo sostenido.

  • Honduras crece condicionado por dependencia de maquila y remesas. Nicaragua representa un riesgo sistémico por su aislamiento político y económico, según el organismo.

Entre líneas. El telón de fondo es un mundo que crece menos. EE. UU. y Europa avanzan con cautela, China pierde dinamismo y la inversión global se vuelve más selectiva, expone Umaña desde la perspectiva comercial.

  • La incertidumbre sobre aranceles y políticas estadounidenses mantiene a empresas “en pausa” con nuevos proyectos, aunque continúan reinversiones.

  • Costa Rica y Panamá están mejor preparados por su diversificación. “Tienen más armas para enfrentar amenazas”, afirma Umaña, al comparar su estructura productiva con el Triángulo Norte.

  • Para Guatemala y El Salvador, la dependencia regional amplifica riesgos externos y políticos, un factor poco visible en las cifras, pero decisivo en expectativas empresariales.

Detrás de escena. El 2026 estará caracterizado por una competencia silenciosa por atraer capital productivo. No se trata solo de tasas de expansión, sino de quién ofrece reglas más claras, menores costos y mayor previsibilidad para la inversión privada.

  • Con ventaja por marcos regulatorios más estables y experiencia en atraer proyectos de largo plazo se postulan Costa Rica y Panamá. Esa reputación reduce primas de riesgo y acelera decisiones empresariales.

  • El triángulo compite con costos laborales más bajos, pero enfrenta desafíos en certeza jurídica, logística y seguridad, factores que el BM identifica como decisivos para inversión sostenida.

  • Nicaragua queda al margen de esta disputa. Su entorno político introduce una incertidumbre que trasciende cifras y afecta percepciones, elevando costos incluso para economías vecinas.

En el radar. El consenso técnico apunta a reformas estructurales centradas en el sector privado. CEPAL subraya que el desafío consiste en descubrir nuevas actividades exportadoras sin caer en estatismos que frenen inversión y propiedad.

  • Umaña destaca que ese salto exige iniciativa privada y facilitación estatal, con diálogo y reglas claras. “No es fácil”, advierte, “pero es indispensable para diversificar”.

  • La experiencia de Costa Rica muestra un camino: capital humano, apertura comercial e infraestructura. Educación técnica y segundo idioma siguen siendo cuellos de botella regionales.

  • Centroamérica crecerá, si bien el despegue dependerá de las reformas mencionadas. El área se desplaza como un convoy que aún no logra sincronizar sus vagones. Avanza a velocidades desiguales. 

 

 
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¿Qué factores pueden impactar más en el tono relativamente optimista de las proyecciones para 2026?

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María José Aresti
Remesas: el envío se vuelve estrategia

En 2025, Centroamérica y el Caribe registraron las tasas de crecimiento en transferencias de dinero más altas de los últimos veinte años. Este repunte coincidió con más depósitos en cuentas bancarias y con un mercado más competitivo: consolidación entre grandes actores, avance de la competencia digital y mayor inversión.

En este contexto, el comportamiento de los migrantes explica las dos gráficas: aumentó el monto promedio enviado —como medida de precaución ante el riesgo de deportación—. A la vez, subió la proporción del ingreso destinada a remesas, que podría rondar o superar el 15 %. El crecimiento dependió menos de nueva migración y más del “esfuerzo” de envío.

 
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Publicado hace 90 años, este artículo parece un acta de acusación con firma anticipada. Cuando Arturo Uslar Pietri formuló esta advertencia, el petróleo todavía olía a promesa. 

Hizo mucho más que predecir un problema económico. Diagnosticó una deriva política y social que se ha expresado en colapso institucional, emigración masiva, destrucción productiva y precariedad estructural. 

Su idea central: convertir una renta excepcional y finita en capital humano, institucional y productivo. Entendió que el problema no era el petróleo, sino la mentalidad rentista que lo acompaña. 

Los episodios recientes –erosión del Estado de derecho, uso discrecional de la ganancia energética, sanciones internacionales, dependencia de acuerdos opacos para sostener ingresos– no son anomalías. Son consecuencias lógicas de no haber sembrado nada. La renta sustituye al trabajo, la política a la economía y el poder a las instituciones. El petróleo dejó de ser palanca de desarrollo para convertirse en anestesia social primero y arma de control después. Uslar lo intuyó; el siglo XXI lo confirmó. 

Es un manifiesto republicano en el mejor sentido con un mensaje claro. La riqueza fácil es una trampa si no se disciplina. El rédito sin instituciones, un veneno lento. Un Estado que reparte sin sembrar crea ciudadanos dependientes y élites parasitarias. 

No todo es positivo. Confió demasiado en la capacidad del Estado para “sembrar” bien. La historia venezolana – y latinoamericana – demostró que esa fe era excesiva. El petróleo corrompió la sociedad, desbordó el Estado, lo hipertrofió convirtiéndolo en botín. El autor subestimó ese riesgo. 

Leído desde Centroamérica, Sembrar el petróleo trasciende el crudo. Es una metáfora perfecta para cualquier renta fácil: remesas, deuda, cooperación, commodities, incluso el nearshoring. La pregunta sigue siendo la misma: ¿estamos sembrando o solo consumiendo?  

Guatemala recibe miles de millones de dólares al año que sostienen consumo, estabilidad cambiaria y paz social mínima. Muy poco de ese flujo se convierte en productividad, educación técnica, infraestructura, innovación e institucionalidad. Es necesario pasar del asistencialismo a la inversión social inteligente; de la macro estable a la micro productiva. Y significa, sobre todo, instituciones que sobrevivan a los gobiernos. 

El intelectual venezolano escribió en 1936. El fracaso vino después. Su texto continúa siendo tan perturbador por una sencilla razón: tuvo razón demasiado pronto. 

 
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Alice Utrera
Capital sin bancos: El Salvador tokeniza
551 palabras | 2 min de lectura

El Salvador vuelve a colocarse en el radar financiero regional con un paso que puede redefinir el acceso al capital privado. A partir de 2026, la tokenización de acciones permitirá a empresas privadas levantar financiamiento fuera del esquema bancario tradicional. La promesa: liquidez, apertura internacional y eficiencia. El reto: ejecución, calidad y disciplina financiera.

Por qué importa. La tokenización introduce una vía alternativa de financiamiento para PYMES y empresas en expansión, en un entorno donde el crédito bancario sigue siendo limitado, caro o conservador. Se perfila como un cambio estructural en cómo se accede al capital privado.

  • El modelo permite monetizar participaciones sin perder control societario. Es clave para empresarios familiares o fundadores que buscan crecer sin diluir poder decisorio.

  • Al habilitar mercados secundarios, se reduce el costo de iliquidez histórico del capital privado, ampliando el atractivo para inversionistas sofisticados.

  • “La tokenización mejora eficiencia, pero no sustituye fundamentos financieros”, señala Gabriela Mena, CEO de PoliBit.

En el radar. La llegada de plataformas como Stakiny formaliza un ecosistema que hasta ahora operaba de forma experimental. El foco no está en criptoactivos especulativos, sino en participación accionaria real respaldada por empresas operativas.

  • Las acciones tokenizadas permiten fraccionar capital, reduciendo barreras de entrada y ampliando la base inversionista sin alterar estructuras legales existentes.

  • Según BID Invest, el 45 % de las empresas en la región dependen de banca; el equity representa apenas 4 %, reflejando un mercado subdesarrollado.

  • Mena advierte que “la tecnología amplifica tanto proyectos buenos como malos”, subrayando la importancia del due diligence.

Cómo funciona. El proceso combina normativa tradicional de valores con infraestructura blockchain. No se trata de un vacío legal, sino de una nueva capa tecnológica aplicada a marcos existentes.

  • Las empresas emiten acciones tokenizadas que representan participación económica real, con trazabilidad y automatización de cumplimiento.

  • Los inversionistas acceden a información verificable, identidad digital y mecanismos KYC/AML (procesos para prevenir delitos financieros) integrados en la plataforma.

  • “Accesibilidad no equivale a menor riesgo”, insiste Mena.

Entre líneas. El éxito del modelo no depende del entusiasmo regulatorio, sino de la calidad de los emisores y de la disciplina del mercado.

  • No todo negocio debe tokenizarse; modelos débiles no se corrigen con tecnología.

  • La confianza del inversionista se construye con información clara, historial y gobernanza, no con promesas de liquidez inmediata.

  • El Salvador apuesta a ejecución práctica, no solo a marco legal, un matiz clave frente a otros países.

Qué destacar. Las cifras explican por qué la tokenización despierta interés empresarial.

  • En Latinoamérica, el financiamiento vía capital es marginal frente a deuda bancaria, limitando crecimiento y escalabilidad.

  • Los mercados secundarios P2P (de igual a igual) pueden reducir costos de transacción y tiempos de salida para inversionistas tempranos.

  • Incentivos fiscales específicos buscan atraer capital internacional estructurado, no especulativo.

Ecos regionales. Guatemala observa el experimento salvadoreño con atención, especialmente desde sectores empresariales intensivos en capital.

  • Desde la Asociación Blockchain de Guatemala se impulsa TokenizaGT, iniciativa legislativa aún en discusión.

  • “Un marco específico puede catalizar inversión institucional”, detalla Mena, especialmente en real estate y agroindustria.

  • Sin embargo, sin educación y regulación clara, el riesgo es replicar informalidad financiera en formato digital.

Ahora qué. El desafío no es lanzar plataformas, sino consolidar un mercado creíble y sostenible.

  • La Comisión Nacional de Activos Digitales será clave para filtrar calidad y proteger al inversionista.

  • Para las empresas, la oportunidad existe, pero exige rigor, no entusiasmo ciego.

  • El equilibrio entre innovación y disciplina financiera definirá si la tokenización se integra al mercado de capitales real.

 
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