Chips y USD 701 000 millones en juego

Buenos días.

Los semiconductores no se ven, pero mandan. Están en el automóvil que usted maneja, en el celular y en infraestructura crítica de salud, energía e industria. Por eso importa dónde se están volviendo a fabricar.

Arizona —con Phoenix como epicentro— ya opera como nodo del chip en EE. UU.: fábricas (“fabs”), proveedores y equipos se están apilando alrededor de inversiones grandes. Y el tamaño del mercado explica la urgencia: las ventas globales se proyectan en USD 701 000 millones en 2025.

¿Por qué lo ponemos en radar hoy? Un tuit del MINEX —publicado el 9 de febrero— lo detonó: el embajador Hugo Beteta visitó Arizona para buscar alianzas en la Ruta del Chip y participó en una proclamación que reafirma la relación bilateral y la cooperación económica. La pregunta editorial fue: ¿por qué importa para Guatemala y cómo se conectan los semiconductores con esa agenda?

En el análisis de hoy ponemos orden a esa oportunidad: qué tareas sí puede asumir Guatemala y cuáles son tres filtros —certificaciones internacionales para el talento nacional, infraestructura mínima y operar como proveedor confiable— para pasar de promesa a ser un jugador en la industria.

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Braulio Palacios
Arizona y la Ruta del Chip: dónde Guatemala sí encaja
660 palabras | 3 minutos de lectura

Arizona concentra el nuevo auge de semiconductores en EE. UU. Desde 2020 reporta expansiones, inversión anunciada y empleo proyectado. Para Guatemala, la ruta no es fabricar chips, sino entrar por esa puerta: estándares, talento técnico y eslabones donde la cadena ya compra proveeduría.

Qué destacar. Arizona opera como clúster: anclas y proveedores se concentran alrededor de Phoenix. Esa densidad crea demanda constante —servicios, técnicos y cumplimiento—. Guatemala no tiene que “hacer el chip”; puede insertarse en eslabones como ensamble, empaque, pruebas, logística y soporte técnico.

  • Desde 2020, el estado atrajo más de 60 expansiones, con cerca de USD 205 000M en inversión y unos 25 000 empleos proyectados, según Arizona Commerce Authority. Eso sugiere una red que sigue sumando proveedores, servicios y compras.

  • Las empresas estadounidenses mantienen el 50.4 % de la cuota global de ventas, pero la manufactura local cayó de 37 % (1990) a 10 % (2022). De ahí la urgencia del re-shoring, en un mercado con ventas globales proyectadas de USD 701 000M en 2025.

  • Con empresas ancla como TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company) e Intel, el clúster atrae proveedores de empaque, equipos y materiales. “TSMC generó un efecto arrastre”, dice Wendy Mena, gerente de estrategia y promoción de Invest Guatemala. Eso se traduce en más compras, proveedores homologados y estándares que filtran quién entra.

Detrás de escena. El clúster de Arizona no se entiende solo por anuncios: se entiende por operación. Fabricar chips requiere cientos de pasos, salas limpias y manejo estricto de químicos, agua y energía. Por eso “estándares” no es narrativa: es barrera de entrada.

  • The Arizona Republic destaca el caso de Amkor Technology en pruebas y empaquetado. Esa capa completa la cadena: no todo son fábricas; también son procesos que exigen trazabilidad, control de calidad y disciplina industrial.

  • La fabricación puede durar “un mes o más” y depende de ambientes ultracontrolados. Eso vuelve el cumplimiento un requisito estructural: seguridad, consistencia y documentación pesan tanto como el costo, incluso antes del precio.

  • Para Guatemala, esto aterriza el encaje: entrar por servicios en los que se pueda auditar calidad y proceso. Si no se puede certificar y repetir, no se compite. Ahí se separa lo que es una real oportunidad de pura retórica.

Entre líneas. Si Arizona es la puerta, Guatemala necesita un encaje realista y aprendizaje rápido. Mena plantea dos carriles: replicar formación técnica que ya funciona en EE. UU. y mapear eslabones donde insertarse. No es hacer “chips”, sino aportar tareas y perfiles que la cadena ya demanda.

  • En el corto plazo, sugiere mirar el ecosistema educativo: programas por niveles alineados a lo que la industria pide. Eso baja la improvisación: no se capacita “para el chip”, sino para procesos, calidad y mantenimiento.

  • En lo productivo, una opción es explorar eslabones como empaque, ensamblaje, prueba o distribución. Y empezar abajo: ensamble o subensamble de electrónicos. Esa escalera construye reputación y estándares como proveedor complementario del clúster.

  • Gabriela M. Bethancourt, secretaria nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt), amplía el punto: la manufactura es socio-técnica y multidisciplinaria. “Necesita una pirámide amplia de talento técnico”, indica. Eso incluye operarios, técnicos de mantenimiento, calidad, automatización y datos.

Balance. Arizona puede ser puerta, pero no atajo. Guatemala debe evitar la tentación del “gran plan” y enfocarse en señales que el mercado reconoce: estándares, capacidad medida y tiempos. La pregunta útil no es “¿podemos?”, sino “¿qué demostramos primero?”.

  • Primer requisito: articular talento existente y cerrar brechas de acceso para volverlo competitivo. “No es crear capacidades desde cero”, aclara la representante del Senacyt. Es conectar con industria y certificaciones.

  • Segundo requisito: infraestructura mínima con estándar global. Laboratorios de metrología y calibración, más espacios de prototipado conectados a industria. Eso convierte talento en capacidad auditable: lo que antes era promesa se vuelve medición, trazabilidad y evidencia.

  • Tercer requisito: operación país. Para distribución y servicios, los plazos no son un detalle, sino “el producto”. “Mejorar tiempos de logística es clave”, resalta Mena. Llegar una vez no prueba nada. Lo que abre mercado es llegar siempre, igual, sin renegociar plazos.

 
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Ximena Fernández
Líderes exportadores: vestuario, café y banano

Guatemala cerró el 2025 con exportaciones por USD 15 584.4M, es decir, un 7.1 % arriba de 2024 (USD 14 556.3M). El crecimiento es claro, pero está concentrado: vestuario, café, banano, azúcar, grasas y aceites comestibles y plásticos significaron el 40.3 % de lo vendido.

El mapa de destinos también está cargado hacia pocos mercados. Centroamérica lideró con el 36.4 % (USD 5675.5M) y EE. UU. siguió con un 30.5 % (USD 4748.8M). La Eurozona aportó el 7.9 % (USD 1228.7M), México alcanzó el 4.4 % (USD 688.2M) y Panamá, el 2 % (USD 306.3M).

Por otro lado, las importaciones sumaron USD 34 609.3M, un 6.5 % más que en 2024 (USD 32 491.5M). La factura la empujaron a compras asociadas a inversión y operación: bienes de capital para industria, telecomunicaciones y construcción por USD 475M, y bienes de consumo no duradero por USD 430.6M. El origen de las compras se concentró en EE. UU., China, Centroamérica, México y la Eurozona, que aportaron el 75 % del total.

 
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Centroamérica inicia 2026 con una señal doble: crecimiento moderado y un sistema eléctrico regional que sigue ampliando capacidad, pero con cuellos de botella de transmisión que limitan el “valor económico” de esa oferta.

El World Economic Situation and Prospects 2026 proyecta que México y Centroamérica crecerán un 1.8 %, un ritmo que mantiene actividad, pero no alcanza para acelerar productividad sin habilitadores de infraestructura.

Ese freno de productividad se ve con claridad en un habilitador clave: la energía. En un ciclo de crecimiento moderado, no basta con tener capacidad instalada; importa que sea entregable y confiable. Por eso conviene bajar del pronóstico macro a la foto del sistema eléctrico regional y su mezcla de generación.

El sistema suma megavatios

En energía, la región ya opera con una base renovable relevante. Según el Informe Estadístico Anual 2024 de la Comisión Regional de Interconexión Eléctrica (con datos del Ente Operador Regional —EOR—), la capacidad de generación disponible en el Mercado Eléctrico Regional (MER) cerró 2024 en 18 632.70 MW.

La composición fue: hidro 38.9 %, térmica 35.4 %, solar 8.8 %, eólica 7.1 %, biomasa 6.7 % y geotermia 3.1 %. En conjunto, la suma de renovables supera el 60 % de la capacidad regional.

La expansión también se sostiene por proyectos concretos. En el segundo semestre de 2024, la región incorporó 684.9 MW de nueva capacidad, impulsada principalmente por la entrada de la central térmica Gatún en Panamá (656.2 MW) y cuatro parques solares que aportaron 28.8 MW (incluyendo proyectos en Guatemala, El Salvador y Nicaragua). 

Del lado de la demanda, el Planeamiento Operativo 2025–2026, del EOR, proyecta que el consumo regional aumentará un 3.76 % en 2026 para llegar a 68 201 GWh. El mercado crece; el desafío es que la energía llegue con calidad en horas críticas y sin congestiones.

La red decide el negocio

El cuello está en transmisión e interconexión. Aunque se reportaron 25 intervenciones en el sistema de transmisión durante el segundo semestre de 2024, el límite sigue siendo estructural: SIEPAC es la vía regional, pero su aprovechamiento depende de inversiones locales para que la energía efectivamente pueda fluir dentro de cada país. Sin esa red “de última milla”, los excedentes existen, pero no siempre se pueden mover cuando se necesitan.

Esa limitación es especialmente relevante porque el comercio regional ya muestra roles definidos. Los principales exportadores de energía han sido Guatemala (42 %), Costa Rica (34 %) y Panamá (23%); mientras que los mayores importadores son El Salvador (39 %), Nicaragua (35 %) y Honduras (20 %).

Cuando la red no acompaña, los excedentes se vuelven difíciles de movilizar y las transacciones tienden a ser de “oportunidad” (corto plazo), en lugar de convertirse en un mecanismo estable de competitividad regional.

Oferta en expansión

A futuro inmediato, el planeamiento 2025–2026 prevé la entrada de 47 proyectos que sumarían 2308.3 MW. Destacan 31 proyectos fotovoltaicos con 918 MW, además de proyectos a gas natural en Honduras y Nicaragua, y expansión renovable total estimada en 1250 MW (54.2 % de la nueva capacidad).

En Guatemala, la señal va en la misma dirección: la PEG-5 tiene una demanda requerida de 1400MW, las ofertas tienen un fuerte peso en la solar y otros esquemas híbridos que incluyen renovables. En paralelo, el EOR proyecta que más del 80 % de la demanda regional sea cubierta por fuentes renovables, lideradas por la hidro.

Un sistema con más renovables y eficiencia energética aporta competitividad si entrega energía con precios estables y menor volatilidad. En la práctica, un factor determinante de la inversión industrial es el costo efectivo en horas críticas y el riesgo operativo asociado a interrupciones o congestión.

Un punto importante del análisis es que los sectores intensivos en energía—manufactura, agroindustria con cadena fría y servicios digitales—evalúan ubicaciones por confiabilidad de suministro, tiempos de conexión y calidad de red. Si la transición no incorpora infraestructura de transmisión y capacidad firme, el cambio de matriz no se traduce en ventaja competitiva.

 
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