Economía post-caudillo

¡Buenos días!

Durante años, el caso venezolano ha sido tratado como una anomalía crónica. Una economía que dejó de servir como referencia incluso para los manuales de lo que no debe hacerse. Se hablaba de Venezuela en pasado, en clave ideológica o de crisis humanitaria. Rara vez como una variable relevante.

Esto ha cambiado con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. No porque los problemas estén resueltos, sino porque el bloqueo de expectativas se ha roto.

Cuando un país con las mayores reservas de petróleo del mundo entra en una fase de redefinición forzada, los efectos no se quedan dentro de sus fronteras. Al contrario. Impactan precios, riesgos, flujos financieros, energía, inversión y, sobre todo, narrativas. Mueven mercados.

Para Centroamérica —y Guatemala en particular— la pregunta es qué señales emite este episodio sobre el rumbo económico de la región, el papel de EE. UU., la tolerancia internacional frente a regímenes capturados por corrupción y narcotráfico… Y el costo real de ignorar las normas básicas del crecimiento.

Este inicio de año trae un recordatorio incómodo. Las economías no colapsan de un día para otro. Sin embargo, tampoco se reconstruyen sin decisiones difíciles.

El contexto es de alto riesgo e incertidumbre. Recuérdese que el chavismo mantiene el control.

Con todo, Venezuela abre un nuevo capítulo.

¡Les deseamos un feliz 2026! Un año en el que esperamos seguir contando con su confianza e interés.

 
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Marcos Jacobo Suárez Sipmann
Venezuela: una primera valoración geoeconómica
629 palabras | 3 min de lectura

La captura de Nicolás Maduro constituye un punto de inflexión geoeconómico sin precedentes. Hay una serie de efectos, inmediatos y potenciales, para el muy deteriorado tejido productivo, institucional y financiero venezolano.

En perspectiva. Venezuela arrastra una depreciación acelerada del bolívar e inflación persistente. Se añaden bajísimos niveles de producción tras más de una década de contracción.

  • La deuda externa total estimada entre USD 150 y 170 000M supera el 180 % de su PIB. Incluye bonos impagados, préstamos bilaterales y laudos arbitrales

  • Múltiples acreedores, arbitrajes y sanciones hacían inviable cualquier reestructuración.

  • La urgencia de estabilizar la economía pesa sobre cualquier administración emergente.

Qué destacar. El país posee las mayores reservas de crudo del planeta: unos 303 000M de barriles. Por falta de inversión, desgaste de infraestructura y sanciones, la producción está bajo mínimos. Ante la petrolera estatal, PDVSA, se abren tres alternativas.

  • Reestructuración y entrada de capital internacional. La participación de empresas con tecnología y capital reactivarían la producción, aunque con costos enormes de rehabilitación de pozos y refinerías.

  • Venta parcial de activos internacionales como CITGO, con litigios judiciales en curso, servirían como instrumentos de negociación con acreedores.

  • Si continúa el rígido control estatista, seguirá la ineficiencia. Además, la dependencia de compradores específicos (China), reducirá el potencial de recuperación.

Lo indispensable. La reactivación dependerá del capital extranjero. Este solo se concretará con garantías claras sobre propiedad y un marco regulatorio previsible.

  • Pueden surgir inversiones puntuales en petróleo y minería. La inversión diversificada, en manufactura o servicios, llevará años.

  • Las reformas estructurales deberán abordar: liberalización del tipo de cambio, seguridad jurídica, combate real a la corrupción y apertura a mercados y pujas competitivas.

  • Migración masiva, altas tasas de pobreza, informalidad y fuga de talento han debilitado el mercado. Si se percibe una ruta hacia el desarrollo, la salida del dictador frenará la emigración. No la revertirá de inmediato.

Cómo funciona. EE. UU. se convierte en el principal facilitador y supervisor de una transición económica ordenada. Y lo hará por interés estratégico, energético y financiero.

  • Ventajas: acceso a capital, tecnología y mercados. Expertos calculan que rehabilitar PDVSA requeriría más de USD 100 000M y una década de inversión sostenida.

  • La ayuda se concederá bajo estrictas condiciones: disciplina fiscal, apertura del sector petrolero, reformas regulatorias y cooperación judicial. FMI, Banco Mundial y BID actuarán como brazos técnicos de esta supervisión.

  • Hay un riesgo de rechazo interno a una tutela percibida como intervención. Y existe el peligro de una recuperación concentrada en el petróleo, sin diversificación productiva. EE. UU. puede impulsar la estabilización, pero no reemplazar el Estado venezolano.   

Ecos regionales. Para Centroamérica y Guatemala, el impacto directo es moderado. No obstante, el efecto simbólico es positivo. Menos ruido político regional y más espacio para decisiones económicas racionales.

  • A medio plazo, una eventual recuperación de la producción petrolera aliviaría presiones sobre los precios internacionales del crudo, reduciendo costos de transporte, logística y electricidad. Guatemala, importador neto de energía, se beneficiaría marginalmente.

  • Un menor nivel de volatilidad extrema mejoraría la percepción ante inversionistas internacionales. Reduce primas de riesgo y favorece economías estables, como Guatemala.

  • Una Venezuela menos caótica libera presión sobre la agenda migratoria continental. Exime a Centroamérica de crisis importadas y permite al istmo concentrarse en crecimiento, empleo y competitividad.

Ahora qué. Se abre un escenario marcado por la incertidumbre. El colapso estuvo atravesado por corrupción, redes ilícitas, narcotráfico y destrucción institucional.

  • EE. UU. jugará un papel decisivo, tanto como garante de estabilidad como impulsor de reformas subordinadas a estipulaciones.

  • El futuro dependerá de la capacidad de atraer inversión, ordenar las cuentas públicas y respetar las reglas. La situación ya no está condenada al inmovilismo.

  • Con voluntad interna, Venezuela ha de combinar reformas democráticas y económicas. Si lo logra, inicia un camino largo y complejo —pero posible— hacia la recuperación y la esperanza. 

 
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¿Cree que los venezolanos aceptarán el papel supervisor de EE. UU. en la reestructuración de la economía?

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Por: María José Aresti

La productividad real llega cuando la inteligencia artificial (IA) se integra de punta a punta. Primero simplificar procesos, luego automatizar y finalmente aumentarla; no basta con iniciativas aisladas.

Pesa la ventaja de datos, interoperabilidad y talento. En entrevista con República Empresa Marcelo De Santis, Chief Executive Officer de The Ascent, enfatiza que los pilotos que no escalan consumen recursos.

¿Qué decisiones marcan la diferencia entre empresas que ganan productividad y las que acumulan iniciativas sin impacto?

—La diferencia está en cómo integran la IA dentro de sus procesos. Las compañías que realmente ganan productividad no la aplican de manera aislada, la incorporan en sus flujos de trabajo completos. Primero simplifican el proceso, luego automatizan y finalmente lo aumentan con IA.

También invierten en su ventaja de datos. Saben que los modelos se pueden comprar, pero los datos propietarios —cómo operan, cómo se comunican con los clientes o cómo producen— son su mayor diferenciador. Las firmas con mejor rendimiento lo entienden y construyen sobre ello.

Otro factor clave es la interoperabilidad: evitan depender de un solo arquetipo o proveedor y combinan grandes modelos de lenguaje con otros más pequeños, lo que les da resiliencia, flexibilidad y control de costos. Finalmente, invierten en talento y en infraestructura para escalar el uso de IA de forma sostenible.

¿En qué fallan las empresas tradicionales cuando intentan escalar el uso de IA más allá de la prueba piloto?

—Lo primero es lo que llamo “el purgatorio de los pilotos”. Muchas empresas tienen múltiples proyectos pequeños que no escalan y, en algunos casos, ni siquiera la alta dirección sabe que existen. Eso provoca caos y desperdicio de recursos.

Otro error frecuente es no mirar los procesos de negocio de punta a punta. No identifican en qué parte la IA puede operar de manera autónoma o dónde necesita colaboración humana. Esa falta de visión sistémica limita el retorno de inversión.

Hay problemas de infraestructura. Hacer un chatbot es fácil; mantener un sistema escalable, monitoreado y libre de sesgos es otra historia. A eso se suma la falta de capacitación: se implementa tecnología sin preparar al personal.

Finalmente, la obsesión por la perfección. Con IA se debe iterar constantemente; no es un proyecto con inicio y fin, sino un ciclo continuo de mejora.

¿Cuál debe ser el punto de partida realista para escalar estas tecnologías en Latinoamérica?

—Hay una limitación estructural: el costo en dólares de la tecnología. Más allá de eso, muchas empresas quieren “arreglar todos sus datos” antes de comenzar, y eso es un error.

Generalmente, las compañías no tienen los datos en orden, no han invertido en plataformas que les ayuden con ello. Entonces, es mejor identificar primero un problema de negocio concreto donde la IA pueda generar valor. No hace falta tener una arquitectura de datos perfecta, sino una táctica.

El enfoque correcto es pragmático: combinar problema, datos relevantes y capacidades para generar copilotos que colaboren con el humano. Es un proceso iterativo que debe escalar conforme se obtienen resultados, no antes. Esa es la estrategia más eficiente y menos costosa.

¿Qué tecnologías serán críticas para la competitividad en los próximos años?

—La IA seguirá siendo central, especialmente el modelo de “Agentic AI”, que va más allá de los chatbots hacia agentes capaces de tomar decisiones. Eso transformará las operaciones empresariales.

También será clave la evolución de la ciberseguridad hacia un enfoque de malla, donde se protege no solo la oficina, sino cada dispositivo, empleado y agente digital que interactúe con la compañía.

Otro aspecto importante para la región es que en manufactura, los “Digital Twins” permitirán simular procesos y reducir costos.

Por su parte, parece sobrevalorado el tema de “Consumer Enterprise”, Metaverse o realidad virtual. Tardará mucho tiempo para que estas prácticas inmersivas sustituyan las experiencias cara a cara. La razón es que son muy costosas.

Además, si bien el uso de IA ayuda, los chatbots personales no mueven el nido en una compañía grande. No son la panacea.

¿Qué no vemos en la región respecto a la adopción tecnológica?

—Nos falta tener más ejecutivos y directores con verdadero entendimiento digital. No basta con incorporar tecnología si no se cuenta con liderazgo que sepa aprovecharla.

Un estudio del MIT mostró que las juntas con al menos tres directores con competencias digitales mejoran su desempeño hasta en un 30 %. Uno solo no cambia nada; tres generan masa crítica para transformar la organización.

Por eso, las empresas deben poner la tecnología en el centro de su modelo de negocio. Mas, asimismo, incorporar ese conocimiento en su gobierno corporativo. Solo así el cambio será estructural y sostenido.

 
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Alice Utrera
Riesgo país, alivio con reservas
520 palabras | 2 min de lectura

El riesgo país en Latinoamérica cerró 2025 con una compresión generalizada del spread soberano (diferencia de tasa de interés entre bonos emitidos por un país en mercados internacionales y los considerados libres de riesgo). El fenómeno responde menos a mejoras estructurales y más a un reordenamiento político y financiero que el mercado leyó como positivo, aunque no exento de fragilidades.

Por qué importa. La caída del riesgo país no es solo un dato económico, sino redefine el costo de capital, el apetito inversor y la ventana de financiamiento externo para gobiernos y empresas.

  • Una menor prima de riesgo reduce el costo de endeudamiento soberano y corporativo. Mejora así condiciones para emisiones, refinanciamientos y proyectos de inversión privada.

  • La compresión del spread actúa como termómetro de confianza institucional, disciplina fiscal y previsibilidad regulatoria.

  • Para economías abiertas, un EMBI (Emerging Markets Bond Index) más bajo fortalece monedas, estabiliza flujos y reduce vulnerabilidad ante choques externos.

Cómo funciona. El riesgo país se mide a través del EMBI, elaborado por JPMorgan Chase, que compara bonos soberanos emergentes con los del Tesoro de EE. UU.

  • Si los precios de los bonos suben, el rendimiento exigido baja y el spread se comprime, señalando mayor confianza del mercado.

  • El indicador no solo contabiliza variables macroeconómicas. Sintetiza riesgo fiscal, político, regulatorio y de repago.

  • En 2025, el factor político fue el principal catalizador en los países más volátiles.

Lo indispensable. La narrativa regional muestra dos velocidades. Las economías de bajo riesgo consolidan estabilidad. Las más volátiles no mejoran por fundamentos sino por expectativas.

  • Ecuador perforó los 500 puntos por primera vez desde 2019 tras la reelección de Daniel Noboa. Meses antes había rozado los 1900.

  • Bolivia cerró cerca de 700 unidades luego de un giro político, rompiendo una racha de elevada percepción de riesgo.

  • Venezuela, pese a seguir como el país más riesgoso del mundo, mostró una caída sostenida por apuestas especulativas a un cambio de régimen.

Datos clave. El cierre del EMBI al 26 de diciembre de 2025 confirma la compresión regional, con fuertes contrastes internos.

  • Venezuela: 12 645 puntos; Bolivia: 709; Argentina: 574; Ecuador: 502.

  • Guatemala cerró en 142 puntos, alineada con economías estables como Costa Rica (143) y Panamá (156).

  • Uruguay (70), Chile (91), Paraguay (103) y Perú (132) lideran el bloque de menor riesgo en el área.

Entre líneas. El trade político dominó la lectura de mercado más que los avances estructurales.

  • En Argentina, el riesgo país bajó a 574 puntos tras el triunfo legislativo del oficialismo liderado por Javier Milei, aunque la mayor corrección ocurrió en 2024.

  • En Venezuela, la caída del spread no reflejó normalización económica, sino expectativas de transición política tras el deterioro del régimen de recién capturado Nicolás Maduro.

  • El mercado premió señales promercado, aun cuando los riesgos fiscales y sociales siguen latentes.

Ahora qué. Este año el desafío será transformar expectativas en fundamentos sostenibles.

  • Sin reformas fiscales, disciplina del gasto y fortalecimiento institucional, la compresión del riesgo podría revertirse rápidamente.

  • El entorno abre oportunidades tácticas de financiamiento, pero exige cautela estratégica.

  • El mercado seguirá diferenciando entre países que consolidan reglas claras y aquellos que dependen solo del vaivén político. 

 
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  • Entró en vigor el impuesto del 1 % sobre el envío de remesas. Los países más afectados serían México con una pérdida de al menos USD 1500M anuales y Guatemala con unos USD 415M.

  • Tras lo sucedido en Caracas, las petroleras de EE. UU. se disparan en Wall Street. Chevron subió casi un 7 %. Marathon Petroleum un 6 y ConocoPhillips más de un 5.

  • La incertidumbre debida a la fragmentación geopolítica y su reflejo en comercio, institucionalidad y cooperación lleva a una previsión de crecimiento global de solo 3.1 % este año. Uno de los registros más bajos en lo que va de siglo.