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En Guatemala la salud sí tiene precio


¡Buenos días!
Reza el dicho que “la salud no tiene precio”. Lamentablemente, no es el caso en Guatemala. La crisis en sanidad es de sobra conocida y —lo que es peor— persistente. Analizamos la situación relativa a las enfermedades no transmisibles. Su impacto negativo es muy considerable. El costo recae en las familias más desfavorecidas. El Estado tiene la obligación de velar por la población y, en especial, los más necesitados. La salud es un derecho humano irrenunciable.
Como venimos haciendo, les recomendamos leer “El privilegio de los sindicatos: ocultar información pública”, donde se expone cómo la falta de datos completos sobre sindicatos, amparada en normas internacionales, restringe el acceso ciudadano y dificulta la fiscalización.
Gracias por leernos.

Alice Utrera
Enfermarse en Guatemala, ¿lujo o condena?
591 palabras | 2 mins de lectura

Las enfermedades no transmisibles (ENT) están pasando factura a la economía guatemalteca. Especialmente en los hogares más vulnerables. Mientras el sistema de salud permanece rezagado, el costo de vivir —y morir— con una ENT recae cada vez más sobre las familias.
Por qué importa. Su impacto va más allá del plano sanitario. Compromete el desarrollo y el bienestar. Afectan de modo preponderante a personas en edad productiva y quebrantan el sustento de familias enteras, arrastrándolas a la pobreza.
Según la OMS, el 77 % de las muertes por ENT ocurre en países de ingresos medios y bajos. Es el caso de Guatemala.
En estos contextos, el 40 % de los fallecimientos ocurre entre los 30 y 69 años, lo que afecta al capital humano.
Asimismo, reducen la productividad, aumentan la dependencia y tensan aun más un sistema insuficientemente financiado.
En el radar. El Estado todavía no ha dimensionado el peso real de estas patologías en la economía. Su débil capacidad de respuesta obliga a millones a costear tratamientos con recursos propios, profundizando la desigualdad.
Según la OPS, en 2021 Guatemala destinó el 2.33 % del PIB al gasto público en salud. Uno de los más bajos de Latinoamérica.
El acceso restringido a servicios especializados traslada los gastos a las familias. Según el Estudio Epidemiológico de las ENT en Guatemala de FUNDESA, “el empobrecimiento de los hogares por atención médica directa o pérdida de ingresos es uno de los principales daños colaterales”.
“El sistema está transfiriendo el costo de la enfermedad crónica al bolsillo de los menos favorecidos”, señala Henry Valdez, especialista en medicina empresarial.
Datos clave. La falta de inversión en prevención ha elevado los costos de atención y afectado el capital humano. Sin acciones estatales estructuradas, se prevé que los dispendios sigan en aumento.
Según FUNDESA, en 2015 la atención por sobrepeso y obesidad costó hasta USD 941 (hombres) y 504 (mujeres). Esto sin contar los indirectos por ausencia laboral.
El costo total anual por diabético se estimó en unos USD 1840. De ellos, casi 300 tan solo en pérdida de productividad.
La primera atención de eventos cerebrovasculares alcanzó los USD 89. De igual manera, una sesión de radioterapia puede superar los 50 por tratamiento.
Detrás de escena. A pesar de la magnitud del problema, se carece de información actualizada y pública para diseñar una política eficiente. La opacidad en los datos impide trazar un diagnóstico claro y una actuación fundamentada.
Desde 2015, el Ministerio de Salud no ha actualizado estudios nacionales sobre ENT, salvo registros limitados en el Sistema Nacional de Vigilancia.
Aunque se recogen mensualmente, los datos no se publican ni analizan con regularidad. “Decidir sin evidencia es como tratar a ciegas. No sabemos cuántos enferman, cuánto cuesta y, peor aún, a quién le está costando más”, enfatiza Valdez.
“La falta de datos accesibles y públicos impide establecer diagnósticos territoriales y soluciones eficaces, en particular en zonas rurales”, explica el artículo de la entidad.
En conclusión. Invertir en prevención debería ser una obligación sanitaria y una decisión económica. Las ENT son una carga evitable siempre que se prioricen intervenciones costo-efectivas y políticas públicas multisectoriales.
Según la OMS, por cada dólar invertido en promoción de dietas saludables se pueden recuperar hasta casi USD 13. Reducir el alcohol devuelve 9, y dejar de fumar, 7.
Guatemala haría bien en fortalecer la sanidad preventiva y rediseñar políticas con factores protectores y financiamiento adecuado.
Pese al tímido esfuerzo gubernamental de presentar una inversión de USD 312.1M para mejorar el acceso a servicios médicos, el problema expuesto sigue siendo grave. Las ENT seguirán drenando recursos, reduciendo productividad y frenando el desarrollo.
Marcos Jacobo Suárez Sipmann
Guyana: milagro económico del siglo XXI
Con 800 000 habitantes escasos, Guyana ha pasado de ser una de las economías más rezagadas del continente a encabezar los ránkings de crecimiento global.
Hace una década, miles de ciudadanos buscaban mejores oportunidades en países vecinos. Hoy, ingenieros, técnicos y jóvenes capacitados regresan ante el auge de la industria petrolera.
Según el FMI, desde 2022 ha logrado crecer a un ritmo medio del 47 % anual. En 2024, su economía aumentó un 58 % impulsada ante todo por su ingente producción petrolera. De no producir en 2019, este año bombea 650 000 barriles diarios.
Está a punto de superar a EE. UU. en PIB per cápita ajustado por paridad de poder adquisitivo. El PIB per cápita en PPA ofrece una llamativa estadística: se ha disparado de unos modestos USD 12 000 en 2017 hasta los 80 000 actuales.
Pero conviene contextualizar, ya que este dato no implica que los guyaneses vivan como los estadounidenses. Le sucede al PIB de Guyana algo similar al de Irlanda; las transnacionales desvirtúan este indicador. Buena parte se “marcha” al exterior en forma de dividendos y termina en el bolsillo de los accionistas de las empresas que explotan el crudo guyanés. O, en el mejor de los casos, en la reinversión de la propia actividad petrolera.
Con todo, el Gobierno ha creado un fondo soberano que ya supera el 12.5 % del PIB. Es el Natural Resource Fund que ya ha acumulado más de USD 3100M.
La clave es ver el petróleo como una palanca, no una garantía. Con buen criterio, Guyana ha apostado por mejorar infraestructura, salud y educación con los ingresos para inversiones a largo plazo. El Ejecutivo aplica políticas fiscales responsables y evita el sobreendeudamiento. Algo aplaudido por el FMI.
Conviene resaltar que el crecimiento se extiende a otros ámbitos. El año pasado, la economía no petrolera creció un 13 %. La proyección es que lo siga haciendo a un ritmo del 6.75 anual hasta 2030.
En un continente donde la riqueza natural no siempre ha significado bienestar para la población, Guyana apuesta por transparencia, diversificación e inversión prudente. El informe del FMI destaca avances en gobernanza, lucha contra la corrupción y una estrategia económica. Combina ambición con estabilidad.
Uno de los desafíos es que el rápido crecimiento ha provocado una escasez de trabajadores calificados. Las empresas han tenido que buscar talento en el exterior. Se requiere más formación a nivel local.
La inflación (2.9 %) está bajo control, sí. No obstante, persiste el riesgo de que una economía tan centrada en un recurso como el petróleo sufra en caso de caídas de precio o problemas geopolíticos.
Lo que ocurre en Guyana está captando la atención internacional. Además del FMI, consultoras y universidades plantean este caso como modelo de cómo transformar recursos naturales en desarrollo sostenible. Esta trayectoria es análoga a la de Noruega, que utilizó su petróleo para financiar bienestar y ahorro intergeneracional.
¿Podrá el país mantener este equilibrio entre crecimiento acelerado y estabilidad? La cuestión no es menor. De conseguirlo, será un ejemplo para sus vecinos latinoamericanos.
Miguel Rodríguez
Redes, pagos y logística: triángulo del e-commerce
473 palabras | 1 min de lectura

El comercio electrónico supera la etiqueta de “tendencia” y se consolida como pilar de transformación empresarial. Más allá de la simple digitalización, el fenómeno revela dinámicas inéditas: expansión regional, omnicanalidad e irrupción de nuevas formas de confianza y pago.
Por qué importa. Su auge en Guatemala no solo redefine la forma de comprar, sino que impulsa a las empresas a repensar su modelo de negocio. El crecimiento sostenido y la integración de herramientas digitales robustas abren oportunidades para competir regionalmente y fortalecer la libertad de elección del consumidor.
Josué López, gerente general de la Cámara de Comercio de Guatemala (CCG), destaca que el crecimiento continúa y que las empresas locales ya venden a nivel centroamericano, lo que posiciona a Guatemala como referente.
Según el sexto Estudio Nacional de Comercio Electrónico de la CCG, el 67 % de los compradores prefiere el envío a domicilio. Solo el 25 opta por recoger en tienda, lo que exige a los negocios integrar la omnicanalidad.
La consolidación del ecosistema digital, impulsada por la banca y los servicios de courier, promueve la expansión. Con un 15 % de ventas hacia Centroamérica, esta se extiende más allá de las fronteras y estimula la formalización y la competencia.
Entre líneas. Detrás del crecimiento, persisten retos estructurales: la desconfianza en la compra digital y la baja bancarización limitan el acceso. Mas la seguridad en pagos y entregas continúa siendo una preocupación recurrente entre consumidores y firmas.
María Canahuí, coordinadora de Comercio Electrónico de la CCG, subraya que la bancarización “no solo es acceso a cuentas, sino a facilidades y métodos de pago diversos”. Un desafío para la inclusión financiera.
El efectivo resiste. Pese a que la pandemia aceleró el uso de pagos digitales, muchos consumidores han regresado a métodos tradicionales, lo que obliga a los comercios a ofrecer múltiples opciones y reforzar la confianza.
El estudio revela que el 85 % de los compradores prefiere sitios conocidos. La seguridad en la web y en el proceso de entrega son determinantes para la decisión de compra.
Ecos regionales. Guatemala lidera el comercio electrónico en el istmo, impulsando la exportación digital y la creación de un ecosistema propio. La colaboración entre banca, logística y tecnología ha permitido a empresas locales expandirse y competir en mercados vecinos, generando nuevos polos de desarrollo.
López afirma que el ecosistema guatemalteco ya permite vender a nivel centroamericano, con compañías de courier y banca que acompañan la expansión.
El uso de redes sociales es el principal canal de venta (85 % de los encuestados). Esto evidencia la capacidad de adaptación y la creatividad empresarial, aprovechando plataformas como Facebook, Messenger, WhatsApp e Instagram.
El fenómeno guatemalteco contrasta con otros países del área, donde la integración tecnológica y la oferta de servicios logísticos aún presentan rezagos, según líderes del sector.
Lo que sigue. El futuro del e-commerce apunta hacia la consolidación de la omnicanalidad, la adopción de IA y el fortalecimiento de la confianza. El reto es mantener la libertad de elección, promover la innovación y prevenir la regulación excesiva.
Se espera que la experiencia del cliente supere al producto como principal diferenciador. Con esto es imprescindible la inversión en automatización y análisis predictivo, incluso entre pymes.
El acceso a datos confiables y la formación continua serán esenciales para sostener la competitividad. Evitar retrocesos ante barreras regulatorias o colectivistas es trascendental.
Se proyecta un ecosistema más robusto, donde la innovación y la colaboración público-privada serán pilares para el crecimiento.
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