Guatemala y su IED en perspectiva

Buenos días.

El martes pasado moderé un “Desayuno en Redacción” —evento privado realizado por República— sobre el panorama de la inversión extranjera directa este 2026. Es de esos espacios donde la regla es simple: lo que se dice en la mesa, ahí se queda. Pero uno sale con una inquietud difícil de soltar: a veces la señal no está en el monto, sino en el peso.

Por eso esta edición abre con el análisis de María José Aresti: Guatemala atrae inversión, sí —desde 2020 viene en ascenso y este año podría superar los USD 2000M—, pero sigue jugando por debajo del 2 % del PIB. Medido así, no es solo cuánto ingresa, sino que también importa la escala correcta para empujar capacidades, empleo y competitividad.

Luego, una señal paralela de movimiento real: tráfico aéreo. Panamá, Guatemala, Costa Rica y República Dominicana crecieron; El Salvador no. Y cerramos con una entrevista a Laura López Salazar, de PROCOMER, sobre qué cambia cuando una agencia promotora “se instala” en Silicon Valley con una apuesta clara por dos sectores —viejos conocidos. Lectura sugerida si quiere saber hacia dónde apunta Costa Rica para captar IED.

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María José Aresti
IED: el riesgo de seguir cerca del 1.2% del PIB
610 palabras | 3 minutos de lectura

Guatemala está jugando la partida de la inversión extranjera por debajo del 2 % del PIB. Un nivel que se ha vuelto persistente pese a que en términos nominales casi se duplicó entre 2019 y 2025. La pregunta es si entra capital suficiente —y con la velocidad correcta— para cambiar capacidades, empleo y competitividad.

Por qué importa. Medir la IED como porcentaje del PIB permite comparar competitividad sin que el tamaño de la economía distorsione la lectura en montos. En el promedio 2014–2023, Guatemala queda 1.54 puntos debajo de LAC (3.37 %) y 2.12 puntos debajo de DR-CAFTA (3.95 %), según la OCDE.

  • José Morán, market intelligence and innovation advisor de Invest Guatemala, señala que el porcentaje “se aprieta porque el PIB guatemalteco es mayor que el de vecinos. Es matemático”. Eso no lo vuelve suficiente; solo explica el cálculo.

  • Jorge Benavides, investigador asociado de FUNDESA, amplía el diagnóstico: la inversión pública, privada y extranjera en conjunto “no suma el 20 % del PIB”. Para sostener y ampliar capital, el país debería acercarse a un 25 %.

  • Cuando ese piso no se cumple, el crecimiento tiende a depender de lo ya instalado: se renueva menos maquinaria, se amplía menos capacidad y se retrasa el salto a actividades más sofisticadas.

Visto y no visto. El 90 % de IED que se da en el país es vía reinversión, que es una condición “usual” a nivel global. El déficit aparece cuando la nueva inversión —estimada entre USD 150M y USD 200M anuales— no escala para cambiar el empleo neto, nuevas capacidades y diversificación sectorial.

  • “La reinversión muestra confianza en retornos”, asegura Benavides. El objetivo es que las operaciones existentes crezcan y que las nuevas entren rápido, sin perderse en tiempos y costos.

  • Para una meta intermedia, propone una trayectoria concreta: sumar USD 250–300M por año para pasar de USD 1800M (2025) a USD 3000–3300M en los próximos cinco años.

  • Juan Esteban Sánchez, director ejecutivo de Invest Guatemala, destaca que la nueva inversión tiende a generar más empleos nuevos. Por eso la política debe proteger la reinversión y, a la vez, aumentar el flujo de proyectos nuevos.

Punto de fricción. El punto de quiebre no suele ocurrir cuando el inversionista “mira” Guatemala, sino cuando está por decidir y compara ejecución: logística, talento, tiempos, energía y riesgo operativo. Los cuellos de botella son controlables y estructurales.

  • Existen casos de empresas estadounidenses que exploran Guatemala por saturación en México, pero abandonan al evaluar costos logísticos y tiempos de entrega, especialmente en operaciones sensibles a eficiencia.

  • En talento, la brecha es inmediata: “Necesitamos 150 personas que ya sepan programación”, afirma Sánchez. Sin oferta, el proyecto se reduce, se retrasa o migra, porque el objetivo del inversionista es comprar ejecución.

  • Paul Boteo, director ejecutivo de la Fundación Libertad y Desarrollo, ubica el “riesgo” en seguridad, certeza jurídica y resolución de conflictos: sin condiciones predecibles, incentivos fiscales aislados no se compensa la incertidumbre de operar y resolver disputas.

Balance. En la competencia regional por IED, México, Costa Rica y República Dominicana aparecen con ventaja. La discusión se resume en competitividad práctica: especializar, acelerar y ejecutar.

  • La respuesta no es “regalar” incentivos. Sánchez advierte que esto puede dañar el déficit fiscal. El enfoque debe ser selectivo por industria prioritaria —insumos médicos— y acompañarlo de infraestructura, talento y apoyo operativo.

  • Boteo proyecta una continuidad si no cambia el ecosistema. “El escenario más probable es seguir cerca de un 1.2 % en ausencia de reformas que reduzcan el riesgo operativo y mejoren la ejecución”.

  • La estrategia debe ser proactiva. Benavides insiste en salir a buscar proyectos en territorios específicos, con equipos que midan conversión y reduzcan tiempos, en lugar de esperar una llegada “inercial” de inversión.

 
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María José Aresti
LAC: tráfico aéreo sumó 17.5M en un año

El tráfico aéreo de pasajeros en Latinoamérica y el Caribe (LAC) alcanzó 477.3M y creció un 3.8 % interanual —17.5M de personas adicionales— en 2025. La lectura clave no es solo el tamaño, sino el motor del avance: 84 % de la expansión provino de operaciones dentro de la propia región, señal de una recuperación sostenida más por la demanda y conectividad intra-Latam que por el tráfico de largo alcance.

La oferta total de vuelos aumentó un 2 % y la capacidad —medida por asientos disponibles— creció 3.1 %. Esto sugiere que parte del crecimiento vino de más capacidad, con implicaciones para infraestructura aeroportuaria, slots, eficiencia operativa y costos en rutas regionales.

En Panamá, el volumen reportado corresponde al tráfico total del país: suma pasajeros con origen o destino en Panamá y también tráfico de conexión. Ese matiz importa para leer los resultados del istmo, porque parte del crecimiento puede reflejar la dinámica de hub y la redistribución de flujos regionales, no solo demanda local.

El desempeño podría acelerarse si avanzan marcos regulatorios más eficientes y condiciones que mejoren la competitividad en los mercados, un factor que incide en costos, apertura de rutas y capacidad disponible.

En el mapa regional, Argentina registró el mayor crecimiento porcentual (13.2 %) con 33.3M de pasajeros. Brasil se consolidó como el mayor mercado aéreo con 129.6M (9.4 %), superó por primera vez los 100M de pasajeros domésticos y marcó un récord de tráfico internacional (28.4M).

 
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PROCOMER abrió una oficina permanente en Silicon Valley (EE. UU.) para ejecutar la atracción de inversión tecnológica —en particular semiconductores— desde el principal nodo donde están inversionistas y casas matriz.

La CEO de la promotora comercial costarricense —en entrevista virtual— enmarca una estrategia en la evolución del país hacia un ecosistema más complejo: 13 empresas de semiconductores, un clúster médico fuerte y ventaja energética verde, con foco en el empleo.

PROCOMER anunció una oficina en Silicon Valley para atraer inversión tecnológica. ¿Qué cambia en la práctica cuando uno “está ahí” versus promover desde San José?

—Durante muchos años hemos promovido desde Costa Rica, sin dejar de visitar el mercado con frecuencia. Pero una práctica histórica de la promotora ha sido que, cuando identificamos un mercado y un sector altamente consolidado, buscamos presencia física.

En un sector de altísimo interés, como semiconductores, y con una hoja de ruta definida, lo lógico es estar en el corazón donde todo ocurre: Silicon Valley. Estar físicamente ahí nos da ventajas que no se obtienen desde Costa Rica. 

¿Qué aprendieron de su experiencia con semiconductores en los años 90 y qué es distinto ahora en la nueva ola global de chips? 

—A finales de los noventa, el ecosistema era muy distinto al actual. La llegada de Intel provocó un cambio radical en el sector productivo. Fue la primera vez que una empresa de ese nivel tecnológico y complejidad productiva vio a Costa Rica como un lugar para instalar una de sus grandes plantas de manufactura. 

Hoy la coyuntura es diferente: tenemos mucha más madurez en IED y contamos con varias industrias de alta complejidad. En semiconductores, tenemos 13 empresas del sector. Es un ecosistema robusto que se acompaña de otros clústeres complejos, como dispositivos médicos.

En estas tres décadas, Costa Rica pasó de una complejidad productiva baja a una muy alta. Eso habla de una experiencia más avanzada en cadenas globales de alta complejidad que hace 30 años.

¿Los dispositivos médicos ya tocaron techo o todavía tienen opción de crecimiento? 

—Es un sector que todavía tiene potencial de crecimiento. Prueba de eso es que este año anunciamos la inversión más grande que ha llegado a nuestro país, y es precisamente en dispositivos médicos.

Además de ser una inversión grande, generará un alto nivel de empleo. Y tiene otra bondad: se trata de la producción de un dispositivo médico que todavía no se fabricaba. Abre una oportunidad clara de diversificación dentro del sector.

¿Quieren apuntar a megadata centers o roles más complementarios? 

—Tenemos la suerte de contar con un porcentaje alto de energía eléctrica limpia. En los últimos años, el 95 % de la producción eléctrica ha sido verde. Ahí está la clave. Los data centers son proyectos de alto consumo energético. Mientras ese consumo sea verde, encaja con la propuesta y la vocación de Costa Rica.

Siempre hemos sido muy cuidadosos de mantener una estructura energética limpia y seguir expandiendo esa capacidad. Hoy todavía tenemos retos en el crecimiento de la captación y en la distribución energética, pero vamos a mantener la línea de energía limpia.

¿Está lista la energía para atraer esas industrias?

—Los inversionistas valoran nuestra matriz eléctrica sostenible cada vez más. Ya no es un secreto que los retos de sostenibilidad son globales, pero también corporativos: las empresas tienen métricas que deben cumplir.

Cuando una empresa llega a Costa Rica y conecta sus equipos a la matriz eléctrica, de inmediato opera con energía limpia. Eso ha sido una parte clave de nuestra propuesta de valor, una apuesta de décadas que hoy es altamente reconocida por la inversión.

Por supuesto, tenemos retos energéticos, como cualquier país. En este momento hay una reforma energética en conocimiento y análisis del Congreso que sería muy positiva porque permitiría más agilidad en la producción e incluso en la cogeneración privada.

Lea la entrevista completa aquí. 

 
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