Inflación cede, dilemas arrecian

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La inflación global remite. Sin embargo, deja un escenario frágil donde Latinoamérica y el Caribe enfrentan nuevos dilemas. Entre ellos: bajo crecimiento, tensiones comerciales y riesgos persistentes externos.

La región ha de ajustar su estrategia ante un orden económico inestable. Un marco en el que los viejos ciclos pierden vigencia y la recuperación se redefine bajo condiciones  menos favorables.

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Alice Utrera
Calma de precios, tormenta de fondo
514 palabras | 2 mins de lectura

La inflación global ha perdido fuerza, marcando el cierre de un ciclo de presión que comenzó con la pandemia y se amplificó por crisis sucesivas. Sin embargo, el alivio en los precios no se traduce en una recuperación sólida. En Latinoamérica, la estabilidad convive con un crecimiento débil, presiones externas y un nuevo equilibrio comercial en disputa.

Por qué importa. El fin del auge inflacionario redefine prioridades económicas. Para la región, el nuevo reto es no estancarse en medio de un entorno global más incierto.

  • Aunque globalmente cayó al 4 % y se proyecta en 3 % para los próximos años, los países aún enfrentan riesgos por tasas altas y comercio fragmentado.

  • “Los consumidores han recuperado algo de poder adquisitivo, pero el entorno sigue siendo frágil”, comenta Paula Achury, analista económica de CABI.

  • Deben adaptarse a un mundo donde el dinamismo ya no es la norma y los ciclos son más volátiles.

En el radar. El proceso de desinflación no fue espontáneo: respondió a políticas restrictivas, ajustes de mercado y una transformación en la lógica del comercio global.

  • El covid, la guerra en Ucrania y los cuellos de botella logísticos alteraron los precios y provocaron una ola de inflación que alcanzó su pico en 2022.

  • En respuesta, los bancos centrales elevaron sus tasas. La Reserva Federal de EE. UU. aún mantiene la suya en 4.5 %, pese a la contención inflacionaria.

  • “No estamos regresando al equilibrio anterior, sino entrando en un nuevo orden económico”, advierte Achury.

Datos clave. Los precios se estabilizan, pero los resultados son dispares. Mientras unos países superan el umbral, otros siguen enfrentando presiones sectoriales.

  • Este año Guatemala (2 %), México (3.8) y Perú están dentro de sus metas. Colombia, por su parte, continúa con la inflación más alta de la región: 5.2 %.

  • Rubros sensibles como educación (17 % en Colombia) y transporte todavía elevan el costo de vida en varios países.

  • En contraste, economías dolarizadas como Panamá, El Salvador y Ecuador presentan signos de deflación o precios estables.

Entre líneas. El crecimiento se enfría en toda la región, sin llegar a recesión. A esto se suma una reconfiguración comercial donde China gana terreno y Washington responde con medidas defensivas.

  • Latinoamérica crecerá apenas 2 % en 2025, según proyecciones de CABI. Las economías más ligadas a EE. UU. resentirán su bajo dinamismo.

  • La correlación inflacionaria con EE. UU. supera el 90 % en México, El Salvador y Panamá. En cuanto a Guatemala y Colombia, responden con mayor desfase.

  • El Liberation Day y los nuevos aranceles elevan la incertidumbre sobre el comercio internacional y la competitividad regional.

Lo que sigue. Estabilidad sin crecimiento es un equilibrio volátil. Se necesitan respuestas de mediano plazo para no quedar atrapada entre riesgos externos y pasividad interna.

  • La Fed podría postergar cualquier baja de tasas si persisten los riesgos geopolíticos o un repunte de precios energéticos.

  • Las negociaciones comerciales entre EE. UU. y China siguen abiertas, pero el nuevo proteccionismo ya deja sentir sus efectos en el petróleo y la inversión.

  • Como concluye Achury, “el reto ahora es mantener la estabilidad sin frenar la recuperación”.

 
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A sus 29 años, Gabriela Asturias ya suma uno de los reconocimientos más destacados para líderes emergentes: el Premio Princesa de Girona 2025. Le fue otorgado por su trayectoria como científica y médica guatemalteca comprometida con el cambio social. Recibir el galardón fue, en sus palabras, una “sorpresa feliz”, especialmente porque —en un mundo donde los reconocimientos científicos suelen llegar tras décadas de carrera— este celebra el impacto temprano y transformador a menores de 35 años.

Gabriela encontró su vocación desde niña. Mientras otros soñaban con profesiones comunes, ella imaginaba cómo desentrañar los misterios del cerebro. Esta temprana curiosidad se volvió más profunda cuando, con apenas 14 años, una mentora le abrió las puertas de un laboratorio. Allí no solo vio por primera vez cómo funciona la ciencia desde adentro, también comprendió que sus preguntas iban más allá del microscopio: eran clínicas, humanas, urgentes.

Estudió medicina en EE. UU., consciente de la brecha entre el mundo clínico y el científico existente en Guatemala. Allá, en medio de clases exigentes y exámenes maratónicos, nació su mayor inquietud: no solo investigar, sino cambiar realidades. De ese impulso nació Fundegua, una fundación que hoy canaliza esfuerzos de salud pública basados en evidencia y tecnología.

Nunca perdió el vínculo con su tierra. Encontró aliados, como el Dr. David Boyd, que le mostraron cómo aplicar la ciencia a la salud pública. Volvió con la convicción de que la neurociencia no solo habita en laboratorios. Lo hace, asimismo, en comunidades, hospitales y políticas públicas.

Ha superado momentos duros. Balancear estudios, liderazgo y vida personal no ha sido fácil. Ha recibido comentarios que dudaban de su capacidad por ser mujer. No obstante, encontró ejemplos de mentoras que demostraron que sí es posible lograrlo. Su respuesta siempre ha sido clara: hay muchas formas de construir una vida significativa, y cada paso debe estar guiado por convicción y propósito.

Hoy, su trabajo se enfoca en herramientas como ALMA, una plataforma que usa WhatsApp para conectar a profesionales de salud con recursos útiles en tiempo real. Cada función, cada prueba, cada dato que mide impacto nace de una misma certeza: la ciencia tiene sentido cuando transforma vidas. Y eso Gabriela Asturias lo entendió desde el principio.

 
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Por Marcos Jacobo Suárez Sipmann

El responsable del informe Global LATAM de ICEX (Instituto Español de Comercio Exterior) - Invest in Spain, Adrián Blanco, analiza cómo las empresas latinoamericanas protagonizan una ola silenciosa de internacionalización que desafía estereotipos. Desde agroindustria hasta fintech, compañías de la región invierten en Europa, especialmente en España.

En conversación con República Empresa, el Doctor en Economía por la Universidad de Santiago subraya que esta edición del reporte incorpora herramientas inéditas. Identifica patrones por país, sectores emergentes, el papel crucial de la economía digital y el avance de modelos sostenibles como ventajas para competir en mercados europeos. A pesar de los retos pendientes, asegura que la región está mejor preparada que nunca para proyectar su capital. 

¿Cuáles fueron los objetivos principales de esta séptima edición del informe Global LATAM y qué diferencia destacaría con respecto a ediciones anteriores?

—Uno de los objetivos fue cubrir el vacío informativo sobre la inversión latinoamericana en el exterior. Desde ICEX-Invest in Spain, nos interesa entender los flujos de capital, las empresas involucradas y sus países de origen para facilitar su aterrizaje en España.

También quisimos romper estereotipos. El informe muestra que existen compañías muy sofisticadas que investigan, exportan e innovan. Además, medimos este fenómeno económico con herramientas que permitan entender la magnitud del capital que sale de la región.

Incorporamos dos grandes novedades. La primera, un indicador de multinacionalización para ubicar a las empresas más globales. Analizamos ventas y presencia exterior de 328 firmas con ingresos superiores a USD 2500M.

La segunda, una clasificación que distingue entre empresas con presencia global y aquellas con baja internacionalización, aunque vendan mucho. Así obtenemos una radiografía más precisa de la expansión latinoamericana.

¿Qué sectores lideran la inversión internacional proveniente de Latinoamérica?

—Además de los tradicionales como agroindustria, energía o hierro, hay una clara presencia de sectores tecnológicos y de servicios. Desarrollo de software, residuos, fintech y seguridad digital han ganado protagonismo.

Estas empresas tienden a escalar más rápido, con menores costos y presencia creciente en mercados avanzados como EE. UU., Reino Unido o España. Son un nuevo motor de internacionalización.

¿Qué papel tiene el sector minero dentro de la inversión latinoamericana global?

—Sigue siendo un pilar muy importante, sobre todo en países como Brasil y Chile. Compañías ligadas al hierro, el litio o combustibles ecológicos están expandiendo su presencia fuera de la región.

Muchas de estas firmas operan en industrias intensivas en recursos naturales, con inversiones relevantes no solo en Latinoamérica, sino también en mercados avanzados. Si bien hoy destacan sectores tecnológicos, los recursos siguen siendo un motor clave del capital que la región proyecta al exterior.

¿Qué estados latinoamericanos están liderando esa expansión internacional?

—Brasil encabeza la lista. Le siguen México, Chile, Colombia y Argentina. Son economías que apostaron por políticas públicas que apoyan y fomentan esa presencia en el exterior.

En contraste, países como Perú aún enfrentan desafíos estructurales. Allí es fundamental crear condiciones que impulsen ese salto a nuevos mercados. La internacionalización, asimismo, depende del entorno político y regulatorio

¿Qué posición ocupa España para esta inversión comparada con otros países?

—España es uno de los destinos más importantes. Actualmente, alberga alrededor de EUR 67 000M en inversión latinoamericana, lo que representa cerca del 10 % del total global.

Si sumamos toda el área iberoamericana, España se sitúa como la cuarta mayor receptora. Además, tanto el idioma compartido como la afinidad cultural son elementos que favorecen el flujo de capital.

¿Hay sinergias entre la inversión latinoamericana y la internacionalización de empresas españolas?

—Totalmente. Muchas firmas llegan a España porque ya trabajan con grandes grupos españoles en sus países de origen. Esa relación se convierte en un puente hacia Europa.

Una multinacional o banco español puede invitar a su proveedor mexicano a instalarse en España. Es una sinergia muy habitual que se traduce en inversión y expansión conjuntas. 

 
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