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Sin anclas ni oficinas

¡Buenos días!
La infraestructura vial no solo depende del financiamiento y las normativas, sino del talento que la ejecuta. Guatemala enfrenta un grave déficit de expertos en planificación y supervisión. En el primer análisis exploramos lo fundamental de desarrollar estas habilidades para garantizar funcionalidad y durabilidad.
El siguiente texto analiza por qué las nuevas generaciones prefieren vínculos laborales sin promesas, contratos sin pertenencia y trayectorias sin arraigo. ¿Estamos ante una revolución del trabajo o una ilusión de libertad que erosiona la base de las empresas? La estabilidad no desapareció, solo cambió de nombre.
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Equipo Empresa
República
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María José Aresti
El orden de los factores sí altera el producto
431 palabras | 1 min de lectura

La secuencia de acciones define el resultado cuando hablamos de infraestructura vial. El financiamiento y normativas adecuadas no aseguran el éxito, si no se dispone de personal capacitado. Para garantizar obras sostenibles y funcionales, es clave invertir en capital humano.
Cómo funciona. La ausencia de los especialistas impacta todas las fases del ciclo de los proyectos, desde la planificación hasta la supervisión. Expertos aseguran que Guatemala carece de estos perfiles.
En comparación con estándares internacionales, el país opera con solo un 10 % de capacidad en planificación. Esto provoca retrasos y mala asignación de recursos.
La contratación de obras se encuentra en mejor estado. Sin embargo, la supervisión sigue siendo prácticamente nula. Esto se desencadena en fallos de calidad y ejecución.
Una solución adoptada es la tercerización de funciones técnicas con expertos internacionales. No obstante, esa ausencia de supervisión impide funcionalidad óptima.
Qué destacar. Este panorama impacta en la calidad y ejecución de los proyectos. Más del 50 % del éxito depende del capital humano que los desarrolla.
Fernando Suriano, viceministro de Transporte, menciona que el 95 % de los trabajadores en infraestructura son “personal de servicios”. Lo que impide una gestión eficiente y planificación sostenible.
Una especialización en construcción vial no se limita a ingeniería. Se requiere un trabajo integrado con abogados, economistas, especialistas socioambientales y comunicadores.
“Se pueden tener normativas buenas, pero sin equipos capacitados para implementarlas serán ineficaces”, afirma Federico Villalobos, economista costarricense y especialista en infraestructura.
Entre líneas. La falta de infraestructura adecuada y de personal especializado impacta en la competitividad y atracción de IED. El desarrollo económico se ve ralentizado.
Guatemala cuenta con solo 18 000 km de red vial, pero necesita al menos 37 000 para cubrir sus demandas de movilidad y transporte.
Esta deficiencia afecta el comercio y traslado de productos. Eleva costos logísticos y reduce competitividad con los vecinos centroamericanos.
La ausencia de mantenimiento en carreteras se traduce en costos. Si un tramo requiere USD 100, en tres años el precio de la intervención se elevará a USD 2000.
Ahora qué. La inversión no se limita a la construcción de carreteras. Requiere un enfoque integral que combine regulaciones modernas y capital humano fortalecido.
La Ley de Infraestructura Vial Prioritaria busca establecer un nuevo esquema de servicio civil con salarios competitivos para atraer talento especializado.
Un ecosistema bien regulado y con profesionales capacitados garantiza que no solo se construya, sino que sea sostenible y funcional a largo plazo.
“Lo barato sale caro”, concluye Villalobos. Ahorrar en talento humano se traduce en proyectos ineficientes y sobrecostes. Formar y retener profesionales es una inversión clave.
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En Guatemala, el liderazgo femenino emerge como un catalizador clave en el sector tecnológico. A pesar de los desafíos persistentes, mujeres líderes están demostrando su capacidad para transformar empresas y promover cambios.
María José Casafont, directora general de Flowing Rivers Technologies (FRT), participó en el evento “Liderazgo femenino y su impacto en el sector tecnológico de Guatemala”, organizado por CIG. Previo a este, compartió a República Empresa su trayectoria y perspectivas sobre el avance de la mujer en el sector.
Asumió la dirección de FRT en 2021, tras el fallecimiento de su esposo, cofundador de la empresa. Con formación administrativa, enfrentó el reto de liderar una compañía tecnológica sin experiencia previa.
“Tuve que aprender rápido. Fue como un curso intensivo de tecnología para principiantes”, comenta. La resiliencia y capacidad de adaptación evidenció su destreza de incursionar en sectores tradicionalmente masculinos.
En sus primeros meses al frente de FRT enfrentó múltiples obstáculos: desde reconstruir procesos inexistentes hasta lidiar con personas escépticas. “Todo estaba en la cabeza de mi esposo. Tuve que reconstruir desde cero”, relata. A pesar de las dificultades, logró implementar herramientas tecnológicas para profesionalizar la gestión empresarial.
Enfatiza la importancia de la perseverancia y la confianza. “No tengan miedo, crean en sí mismas porque tenemos la capacidad”, afirma. Además, subraya el valor de la empatía en un sector complejo, donde la comprensión de las necesidades de los usuarios es fundamental.
Si bien los retos persisten, el ecosistema de apoyo y mentoría para mujeres en tecnología está en crecimiento. Las redes sociales y las plataformas educativas ofrecen herramientas valiosas para certificarse y adquirir nuevas habilidades.
En cuanto a las políticas necesarias para cerrar la brecha de género, la empresaria costarricense aboga por un enfoque integral que involucre tanto al sector público como al privado. Resalta también que “es un tema de actitud”, instando a cambiar la mentalidad de que los hombres son inherentemente mejores en ciertos roles.
Casafont visualiza un panorama prometedor. “El liderazgo femenino innova y facilita la tecnología”. Destaca la capacidad para adaptarse a los cambios y buscar soluciones creativas. Su visión optimista vislumbra un futuro con más participación en la industria.
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Por: Braulio Palacios
Santiago Bolaños Torrebiarte —30 años— entendió que los negocios pueden ser un puente para el cambio social. Su paso por Europa le permitió conocer la economía circular e industria de biocombustibles, experiencia que transformó en oportunidad con la fundación de Kolibrie Energy. Su visión: hacer empresa con sostenibilidad e impacto social.
“Trabajé en trading de commodities. Vi cómo la regulación ambiental transformaba el mercado energético europeo. Me pregunté: ¿cómo aprovechar esta economía y traerla de regreso a Latinoamérica?”. Así nació su compañía que recolecta aceite de cocina usado para convertirlo en biocombustible.
Su compromiso social va más allá del negocio del reciclaje. Es copresidente de Safe Passage/Camino Seguro, una ONG dedicada a la educación integral de niños y jóvenes en zonas vulnerables de la Ciudad de Guatemala. “No es solo una escuela, sino un proyecto que abarca desde guardería hasta secundaria”.
Conciliar empresa y compromiso social no ha sido fácil. Su enfoque es claro: la rentabilidad e impacto social no son excluyentes. “Hacer negocios y ayudar a la comunidad deben ir de la mano”, afirma.
Reconoce que su origen familiar le dio oportunidades, pero su crecimiento ha requerido esfuerzo. “Al final del día, nadie es profeta en su tierra. Mi operación principal está en Ciudad de México, donde he tenido que empezar desde cero”.
El escepticismo rodea el impacto social empresarial, pero Bolaños cree en los pequeños cambios. “Que mis trabajadores se sientan valorados es clave”, asegura. Aunque algunos ven este tipo de emprendimiento como una forma de limpiar conciencias, para él generar empleo en contextos complejos como Guatemala o el Gran Caribe, ya beneficia a la sociedad.
“No podemos solo velar por la utilidad a todo costo”, asegura. Pero más allá del discurso, hay modelos de negocio que pueden transformar realidades. “Si no apostamos por ellos, ¿quién lo hará?”, cuestiona.
Su meta es escalar Kolibrie Energy a toda Latinoamérica, demostrando que es posible emprender con conciencia social sin comprometer la viabilidad financiera. Su consejo para los nuevos emprendedores es claro: “La resiliencia es clave. Hay oportunidades en la circularidad y la energía renovable. Se pueden hacer negocios y generar impacto”.
Aquí puede leer la entrevista completa.
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Alice Utrera
Contrato sin anillo, trabajo sin altar
423 palabras | 1 min de lectura

La economía GIG —trabajos temporales, por encargo o freelance—, abarca el 12 % del mercado laboral global. Según el informe Adaptabilidad: Tendencias Laborales 2025 de ManpowerGroup, transforman el empleo en relaciones más breves y flexibles. Las nuevas generaciones priorizan proyectos temporales, formación rápida y autonomía.
Cómo funciona. Las empresas enfrentan un dilema: ofrecer estabilidad en un entorno que prioriza la flexibilidad. La adaptabilidad ya no es un valor agregado, sino una exigencia.
Para el 47 % de los jóvenes de la Generación Z, dejar su empleo en los próximos seis meses no es un dilema, es una posibilidad real.
Buscan bienestar, claridad en su desarrollo profesional y estabilidad financiera, pero sin los lazos del modelo tradicional.
“Hoy los talentos no se quedan por un plan de carrera, sino por sentir voz, propósito y libertad”, afirma Marcela Andrade, gerente de RR. HH. especializada en talento joven.
Visto y no visto. El auge del talento por encargo redefine la estructura interna. Las empresas priorizan la formación rápida y conforman equipos temporales para tareas específicas.
Esto responde al dinamismo del mercado y la presión por reducir costos fijos.
“Cada vez más compañías entienden que no necesitan llenar vacantes, sino resolver problemas con agilidad”, agrega Andrade.
Sin embargo, este cambio requiere liderazgos capaces de gestionar vínculos efímeros y heterogéneos.
Punto de fricción. El 49 % de los empleados reporta estrés moderado o alto, y solo el 21 % considera que su empresa apoya su bienestar.
En un esquema basado en entregables, la frontera entre vida personal y laboral se diluye.
Si bien la lógica permite autonomía, también puede desembocar en precarización emocional y desgaste por autoexigencia.
El informe señala que el reto más que organizar tareas, es cuidar a las personas.
Sí, pero. La economía GIG responde a la inmediatez, pero fragmenta la identidad organizacional. Según Harvard Business Review, los modelos temporales aumentan la rotación, dificultan la transmisión de valores compartidos y reducen el compromiso emocional.
El conocimiento organizacional también se pierde. Cuando el talento rota constantemente, la curva de aprendizaje nunca madura.
“La visión se diluye cuando nadie se queda suficiente tiempo para verla nacer”, advierte Andrade.
También afecta la innovación. Sin equipos estables, los proyectos a largo plazo desaparecen, y el liderazgo pierde la capacidad de proyectar a futuro.
En conclusión. La economía GIG ofrece libertad, pero cobra cohesión. Mientras el talento busca movimiento, las empresas intentan construir con piezas en constante cambio. El reto no es elegir entre estabilidad o flexibilidad, sino encontrar el equilibrio que permita avanzar sin perder identidad y rentabilidad.
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