Tejer competitividad

¡Buenos días!

El sector textil y de vestuario entra en 2026 sin euforia ni catastrofismo. Ni despegue, ni caída. Crecimiento cero. No se vislumbran titulares, pero sí decisiones estratégicas.

Una pausa tensa en que las empresas ajustan costos, afinan eficiencia, renegocian cadenas de suministro y observan con lupa lo que ocurra en EE. UU., Asia y los mercados vecinos. El contexto global no invita a grandes apuestas, mueve a inteligencia operativa.

Guatemala mantiene, sí, sus ventajas —proximidad, experiencia, capacidad instalada—, mas ya no se premia solo producir bien y rápido. La fórmula consiste en resistir, adaptarse y no cometer errores. Sostener posiciones, proteger empleo y preparar el terreno para cuando el ciclo vuelva a moverse.

El sector se encuentra en compás de espera con las máquinas encendidas y la estrategia en revisión constante.

Gracias por su interés y lectura. 

 
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Miguel Rodríguez
La tela aguanta, el crecimiento espera
519 palabras | 2 min de lectura

El sector textil y de vestuario de Guatemala enfrenta 2026 con una proyección de crecimiento nulo, un dato que resume tensiones acumuladas más que un estancamiento coyuntural. Aranceles inciertos, costos crecientes y cuellos logísticos definen el panorama. La industria resiste, pero la competitividad está en juego.

Por qué importa. Es uno de los pilares exportadores y de empleo formal del país. Su estancamiento no solo afecta a fábricas y trabajadores. Expone límites estructurales. Un crecimiento cero es una señal de alerta más que un resultado neutro.

  • La incertidumbre arancelaria con EE. UU. ha frenado decisiones de compra. Carlos Arias, presidente de VESTEX, explica que los clientes “reducen órdenes mientras no haya claridad”, afectando flujos y planificación.

  • El sector no proyecta pérdidas generalizadas, pero tampoco expansión. Mantenerse a cero implica absorber costos más altos sin trasladarlos totalmente al precio final, presionando márgenes.

  • Su relevancia trasciende lo sectorial: es un termómetro de competitividad, logística, energía y clima de negocios. Variables que impactan a toda la producción nacional.

Datos clave. La ausencia de crecimiento se explica por una combinación de factores externos e internos. Más que un solo detonante, hay una suma de fricciones que neutralizan cualquier ventaja comparativa que aún conserva Guatemala.

  • EE. UU mantiene aranceles del 10 % para Guatemala, mientras Nicaragua enfrenta el 18. Aunque la diferencia parece favorable, la falta de confirmación sobre eventuales remociones mantiene al mercado en pausa.

  • Los costos laborales, de transporte y de energía eléctrica han aumentado. Arias recuerda que “en Guatemala esos costos suben, no bajan”, a diferencia de competidores con esquemas más estables.

  • La saturación portuaria alarga tiempos y encarece exportaciones. La cercanía geográfica con EE. UU. pierde valor si los procesos logísticos no permiten flujos ágiles y previsibles.

Punto de fricción. La competitividad se ha convertido en el principal campo de disputa. Guatemala compite con El Salvador, Honduras y Nicaragua, además de proveedores asiáticos, en un contexto donde cada día de retraso y cada dólar adicional pesan.

  • El atraso en infraestructura prioritaria resta atractivo. La Dirección de Infraestructura Prioritaria sigue sin operar plenamente, lo que posterga soluciones para puertos, carreteras y nodos logísticos.

  • Asimismo, una energía eléctrica más cara erosiona márgenes industriales. Para el sector, es un obstáculo práctico que incide directamente en decisiones de inversión.

  • Defender órdenes sin competitividad es “casi imposible”, sostiene Arias. La calidad y el servicio ayudan, mas no compensan indefinidamente costos estructurales más altos.

Lo que sigue. El 2026 será un año de espera activa. El sector aguarda definiciones comerciales, a la vez exige decisiones internas para no depender exclusivamente de factores externos o coyunturales.

  • La prioridad inmediata es claridad arancelaria. Sin una señal firme de EE. UU., los compradores seguirán fragmentando pedidos y reduciendo compromisos de largo plazo.

  • A mediano plazo, el reto es productivo y trasciende al sector de vestuario y textil. Arias advierte sobre una economía apoyada en remesas y commodities, mientras los bienes transables pierden dinamismo.

  • La discusión de fondo abre la oportunidad de construir una política de competitividad y producción nacional sólida. Fortalecerla permitiría impulsar lo que se produce, equilibrar el crecimiento y sentar bases más sostenibles para el desarrollo económico.

 
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¿Qué factor frena más al sector vestuario y textil hoy?

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El crecimiento de Bazzar Fabrics ha logrado escalar a partir de una oportunidad poco desarrollada: la personalización integral en telas y muebles. Esto es notable en un mercado como el guatemalteco, donde la oferta de decoración y mobiliario históricamente se ha dividido entre opciones costosas o soluciones estandarizadas.

Detrás del proyecto está Rocío de Jweiles, administradora de empresas con maestría en finanzas, madre de dos hijos y entusiasta del diseño. Su entrada al mundo textil no fue inmediata ni planificada como negocio propio. Durante años acompañó a su esposo en viajes relacionados con textiles, experiencia que le permitió conocer el sector desde dentro. Con el tiempo, ese contacto despertó un interés distinto: no por las telas tradicionales del mercado, sino por aquellas que ella misma usaría para decorar su casa.

Ese cambio de mirada marcó el principio del emprendimiento. Jweiles decidió comenzar a traer telas en pequeñas cantidades. Para exhibirlas, utilizó muebles como simples muestrarios, una solución operativa básica que respondía más a la necesidad que a una estrategia definida. Sin embargo, el comportamiento del mercado fue clave: los clientes no solo se interesaban en las telas, sino que empezaron a pedir los muebles expuestos. A partir de esa demanda espontánea, identificó una oportunidad que hasta ese momento no existía formalmente en el país: combinar tela y mobiliario en un solo proceso de decisión.

Así nació Bazzar Fabrics, en sus inicios como una pequeña empresa enfocada en telas, que con el tiempo evolucionó hacia un modelo de servicio personalizado. Hoy cuenta con dos ubicaciones físicas, en zona 10 y Cayalá, y ha transformado su propuesta en un design studio que permite a los clientes definir sus muebles en tres pasos: diseño, tela y acabado. El concepto simplifica decisiones, pero implica una operación más compleja y mayores responsabilidades en tiempos, calidad y coordinación.

El crecimiento no ha estado exento de retos. Jweiles reconoce que competir en un mercado exigente ha requerido diversificar productos, ajustar procesos y aprender a escalar sin perder control. La empresa dejó de ser solo una tienda de telas para integrar alfombras, accesorios, iluminación y un pequeño taller propio donde se confeccionan cojines, duvet covers, manteles y servilletas. Esta ampliación respondió a la demanda, pero también implicó decisiones operativas y financieras.

Uno de los pilares del modelo es el trabajo con artesanos, responsables de la fabricación de muebles exteriores. La empresa ofrece distintos estilos y tamaños, con entregas promedio de tres semanas, aunque los diseños personalizados requieren plazos más largos. Este esquema permite flexibilidad creativa, pero exige coordinación constante y manejo de expectativas del cliente.

Según Jweiles, el objetivo ha sido ofrecer un servicio completo, donde el cliente elige y no debe preocuparse por procesos posteriores como confección o armado. Con todo, ese modelo integral también incrementa la carga de gestión.

A nivel personal, el camino empresarial ha implicado desafíos adicionales. Encontrar equilibrio entre la vida familiar y profesional ha sido uno de los aprendizajes más complejos. La expansión del negocio ha requerido ajustes constantes. En ese proceso el apoyo familiar ha sido clave: sus hijos participan activamente en la tienda, integrando el emprendimiento a la dinámica familiar.

Bazzar Fabrics no nació como un proyecto de gran escala ni con una estrategia cerrada. Su evolución refleja decisiones tomadas sobre la marcha, errores, correcciones y una lectura constante del mercado que la llevaron a escalar un emprendimiento desde un nicho prácticamente inexistente en Guatemala.

 
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Por: Braulio Palacios

Para Andrés Destarac, presidente de la Asociación Nacional del Café (Anacafé), 2025 confirmó el peso del precio en el negocio cafetalero, pero el siguiente escalón —dice— es otro: empujar a los pequeños productores más lejos en la cadena. Eso implica competir y ganar en certámenes locales para tener visibilidad internacional. 

 

En esta entrevista, realizada en el marco de la presentación de resultados del año cafetalero 2024–2025, detalla por qué Asia —en especial Japón y Taiwán— y EE. UU. son mercados prioritarios. Lo ejemplifica con un caso: un productor de Nueva Santa Rosa que hoy vende su café a precios “exorbitantes”. 

 

Tras los datos compartidos en la presentación, ¿hay mayor tranquilidad sobre los precios proyectados para 2026? 

 

—Sí, los precios nos han favorecido. Son históricos, jamás vistos en toda la existencia del café guatemalteco: superamos los USD 400 por quintal. La expectativa es que se mantengan entre USD 330 y 430. 

 

Brasil y Colombia son grandes productores con posibles caídas en su producción. Eso repercute en los precios y favorece a Guatemala… 
 

—Claro, repercute. Si ellos producen menos por algún tema climático, el precio se eleva… 

 

Y cuando pasa esto con esto, ¿se gana mayor cuota de mercado? 

 

—No es tan fácil, pero digamos que sí. El café de Guatemala tiene mayor calidad y es más caro. El diferencial de calidad hace que, cuando no se tienen esos cafés comerciales, compensen con el nuestro. Son oportunidades por aprovechar. 

 

¿Tiene sentido entonces que mercados como el europeo o el asiático prefieran el café guatemalteco? 

 

—Exacto. En Asia, el café de Guatemala es visto como el mejor del mundo. Creemos que EE. UU. va en esa vía, pero es producto de la diversificación y promoción que hace Anacafé desde hace más de 30 años. Llegamos a esos destinos y les damos a conocer los cafés especiales de Guatemala. Eso hace que sean tan apetecibles para estos mercados. 

 

Este año van a participar en diferentes ferias. Si tuviera que elegir una o dos, ¿cuáles serían? 

 

—El mercado de Asia está creciendo. Lo elegiría como destino número uno; seguiría con el de EE. UU., por ser socio estratégico. En nuestro plan anual hemos incluido dos ferias internacionales más. Creemos que tenemos que seguir promocionando el café de Guatemala. Habrá más producción y necesitamos comunicarlo al mundo. 

 

Usted ha sido parte de las comitivas en ferias internacionales. ¿Cuál es el sitio que le hizo pensar “hasta aquí llega una taza de buen café guatemalteco”? 
 

—Tuve la oportunidad de ir a Taiwán a un coffee shop, que es un club muy selecto, muy exclusivo. La taza tenía un precio alrededor de USD 120. Se servía en tazas de oro. El valor que le daban a la historia, a las notas y al productor. Me llenó de orgullo saber lo que logran los productores de Guatemala. Vi la importancia, cariño y amor que ponen al servir café guatemalteco. 

 

Aquí quizá no dimensionamos que una taza de café pueda superar los USD 100. ¿Los pequeños productores llegan a saber lo que paga el mundo? 

 

—Lastimosamente, muchos productores venden el café en cerezas y no tienen esa oportunidad de explorar. Pero me llama la atención que cada año más productores pequeños quieran llegar a esas ferias internacionales y vender sus cafés. 

 

Hay excelentes cafés de pequeños productores y recuerdo precisamente a uno en Nueva Santa Rosa. Tiene dos manzanas de café a 2000 metros de altura. Empezó a hacer sus procesos naturales y a competir en certámenes nacionales. Ganó y Anacafé promovió su café en las diferentes ferias. Ahora vende su café a precios exorbitantes. Lo invitan a los países de destino y promocionan su café. Enorgullece ver a esos productores que se animan a dar ese paso más para lograr cafés de especialidad. 

 

La ambición pasó de querer sembrar para producir a producir para competir… 

 

—Sí, y sobre todo es la parte de las competencias. Anacafé organiza más de 14 a nivel nacional y los ganadores se promocionan internacionalmente. Se da visibilidad a esos productores que nunca tienen la oportunidad de poder llegar a un mercado extranjero. Es una ocasión para que el mundo los conozca. Creo que ese es el futuro: que cada pequeño productor dé esos “pasitos” para llegar lo más lejos posible en la cadena. 

 

 
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Alice Utrera
Estabilidad sin motor de inversión

Guatemala encara 2026 con una macroeconomía ordenada: crecimiento proyectado en torno al 4.1 %, inflación contenida y reservas que cubren casi once meses de importaciones. No obstante, una debilidad estructural amenaza frenar su avance económico: la baja inversión en el país.

La inversión pública apenas representa 1.6 % del PIB, mientras que la inversión total —que incluye capital privado y público— alcanza el 16. Una cifra muy por debajo del promedio mundial, cercano al 26 %. Asimismo, rezaga a Guatemala frente a sus vecinos: El Salvador invierte alrededor del 22 %, Honduras 24 y Nicaragua 23, mientras que República Dominicana ronda el 26 %.

Esta brecha, advierten economistas y representantes del sector productivo, no es solo estadística: limita el crecimiento económico, frena la generación de empleos de calidad y pospone el desarrollo inclusivo que busca consolidarse. La falta de proyectos de infraestructura robustos y de capital productivo reduce la competitividad y encarece los costos de exportación.

Pese a la estabilidad macro, la ejecución de inversiones —especialmente en infraestructura de transporte, energía y conectividad— es insuficiente para dinamizar la economía y atraer mayor flujo de capital extranjero.

Este desafío cobra aun más relevancia en un contexto global y regional donde países con niveles de inversión más altos han logrado tasas superiores de crecimiento y empleo formal. Para cerrar estas brechas y aspirar a un desarrollo más dinámico, se proponen estrategias integrales que fomenten tanto el aporte estatal como la participación del sector privado.

 
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  • FUNDESA presentó ante la delegación bipartidista del Congreso de EE. UU. las acciones que el país está impulsando para generar más inversión extranjera, infraestructura, capital humano y certeza jurídica.

  • Tres líderes conservadores latinoamericanos Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador), y José Raúl Mulino (Panamá), hacen acto de presencia en el Foro Económico de Davos (Suiza), donde encontrarán la mayor delegación estadounidense nunca vista en el mismo.

  • Dadas las provocaciones de Donald Trump sobre Groenlandia queda en un limbo la ratificación del acuerdo comercial UE-EE. UU. alcanzado entre Bruselas y Washington el año pasado.